
| Convocado por la revista Espacio Laical, el pasado sábado 22 de abril se celebró en la sede del Centro Cultural Padre Félix Varela el encuentro «En Diálogo», que en esta ocasión versó sobre la misión y legado en Cuba de las Hermanas Oblatas de la Providencia, primera congregación católica de religiosas negras, fundada en Baltimore, Estados Unidos, al servicio de la educación de niñas y niños negros; y para lo cual se proyectó el documental Las novias de Dios, segunda parte de la trilogía «Hermanas de Corazón», de la investigadora, directora y cineasta Gloria Rolando Casamayor, quien también estuvo en el panel junto a monseñor Ramón Suárez Polcari. |
Nelson O. Crespo Roque: Buenos días, bienvenidos sean todos al encuentro «En Diálogo» de la revista Espacio Laical, que en esta ocasión tiene un formato diferente del habitual; es decir, las disertaciones y los testimonios serán de los propios protagonistas de los hechos, quienes, junto a otras voces autorizadas, se amalgaman en el documental Las novias de Dios (segunda parte de la trilogía, o la serie, «Hermanas de Corazón») para conformar un cántico a la presencia y al legado en Cuba de las Hermanas Oblatas de la Providencia, organización fundada en 1829 en Baltimore, EE.UU. Fue la primera congregación católica de religiosas negras, dedicada a la educación de niñas y niños negros. Esto es, pues, lo que a primera vista recoge el documental de la cineasta cubana Gloria Rolando, y refiero «a primera vista», pues la obra, más que reseñar un pasado, que pudiéramos percibir remoto o cercano en el tiempo, es una invitación a centrar nuestra mirada en el presente con una clara vocación de futuro; lo cual hace de este documental una invitación a la siembra, una especie de oda a la virtud y a la esperanza.
En lo personal, la primera vez que escuché hablar sobre las Hnas. Oblatas fue a través de un tío político que había estudiado, y luego había sido maestro, en el colegio de los Padres Trinitarios en la ciudad de Cárdenas. Por medio de él supe que en dicha ciudad había existido un colegio de monjas negras que se dedicaban a la enseñanza de niñas negras, en su mayoría. No obstante, quien me adentró en el actuar de las Oblatas en Cárdenas fue el cardenal Jaime Ortega, de quien he estimado oportuno citar, literalmente, un testimonio suyo que, más que referido a la presencia de las Oblatas en Cuba, se centra en los frutos y en el legado de estas religiosas en la formación de varias generaciones de niñas y niños negros en los colegios que tuvieron en La Habana, Matanzas, Santa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba, aun cuando la cita se refiera específicamente a los frutos del colegio de Cárdenas.
Para poder entender el trasfondo de sus palabras hay que tener presente que, excepto sus primeros años de vida, el cardenal Jaime vivió su niñez, adolescencia y juventud, es decir, la mayor parte de su vida previa a su entrada al Seminario, en el barrio de Simpson, en Matanzas. Un barrio de población negra en su mayoría, barrio que no pocos identifican como uno de los centros neurálgicos en la Isla de cara al desarrollo de las religiones afrocubanas. Ello quiere decir que estamos hablando de alguien que conoció vivencialmente cómo era la vida del negro en aquellos años a través de sus vecinos y amistades negras. Pero, ¿por qué expongo estos detalles que en apariencia pudieran parecer totalmente fuera de contexto de cara al documental que proyectaremos y debatiremos?
Las razones son dos: La primera de ellas es que después de ser ordenado sacerdote en la Catedral de Matanzas, el P. Jaime es nombrado Vicario de la parro quia de Cárdenas; y la segunda razón es que ello sucede en la década de los años 60, en 1964 concretamente, etapa en la cual la confrontación directa entre la Iglesia y el Estado estaba en uno de sus momentos más álgidos; de hecho, es precisamente durante su estancia en la parroquia de Cárdenas que, en 1966, es enviado a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, donde estuvo hasta 1967 como parte de lo que se consideraba en aquel momento «lacra social», como sacerdote de la Iglesia Católica.
Pues bien, en este contexto, luego de haber vivido la mayor parte de su vida en un barrio de negros, y en una etapa histórica en la cual un número cada vez mayor de personas abandonaban, u ocultaban, su vínculo con la Iglesia, cuyos templos poco a poco se iban quedando prácticamente vacíos, al llegar a Cárdenas lo primero que le llama la atención al P. Jaime es el gran número de personas negras que asistían regularmente a misa. A ello se sumaba el hecho de que la mayor parte de aquellos que se ocupaban de la misión pastoral laica en la parroquia, como la catequesis, por citar solo un ejemplo, eran mayoritariamente negros, en una proporción que no se correspondía con la proporción entre blancos y negros que existía en la ciudad de Cárdenas en aquellos años, ni tampoco a lo que observaba en iglesias de otros pueblos que él también atendía como sacerdote, ni a lo que había visto durante su niñez, adolescencia y juventud en la ciudad de Matanzas, particularmente en Simpson.
De ahí que ello le llamara la atención y preguntara por qué en la parroquia de Cárdenas había tantos negros comprometidos directamente con la misión pastoral de la Iglesia. Pero dejemos que el propio cardenal Jaime nos dé la respuesta:
Encontré… en Cárdenas una práctica religiosa de hombres y mujeres negros en la iglesia, y en mayor número de mestizos, hombres y mujeres, más notable en número estas últimas. Supe entonces que allí, en Cárdenas, tuvieron un colegio las Hermanas Oblatas de la Providencia. Era una congregación religiosa integrada por mujeres negras y mestizas que educaban a niños y niñas y adolescentes «de color», como se decía entonces.
Esa era una congregación de origen norteamericano, evidentemente. En el mundo latinoamericano, de origen hispánico o portugués, no se hubiera dado nunca algo así.
Llegados a este punto permítanme interrumpir la cita y hacer un paréntesis, pues al inicio he referido que este documental, más que reseñar un pasado, es una invitación a la siembra, a centrar nuestra mirada en el presente con una clara vocación de futuro.
Durante la etapa de la colonización, en América Latina la Iglesia Católica era la religión oficial, y en ella nunca hubo divisiones en iglesias de blancos, de negros o de indios, el culto era abierto a todos, por igual, bajo el mismo techo, aun en medio de la más cruenta y despiadada esclavitud. Es decir, amos y esclavos iban a la misma iglesia. Evidentemente, ello no quiere decir que no hubiera diferencias ni discriminación en cuanto a «la ubicación» de cada grupo dentro del templo, pero en Latinoamérica no se dio el fenómeno de la existencia de iglesias de blancos y de iglesias de negros, por separado. No obstante, ello fue diferente en las colonias inglesas de Norteamérica. En estas iglesias, predominantemente protestantes, fundamentalistas algunas de ellas, sí germinó la separación y la existencia de iglesias de blancos e iglesias de negros, tanto durante el período colonial como en el postcolonial, y la unión de las antiguas trece colonias; fenómeno que, con sus matices, podemos observar aun en nuestros días en ciertos Estados de la Unión.
Esta, aunque no pocos han ahondado en el tema, es una de las causas de la propia existencia y sobrevivencia de un sincretismo religioso en determinados grupos poblacionales en América Latina, dígase el afrocubano, el afrobrasileño, etc. (sin excluir el sincretismo religioso indígena, principalmente en Mesoamérica y la zona que abarcaba el antiguo Virreinato del Perú). Ahora bien, ello es algo que no se observa en las antiguas colonias inglesas de América del Norte, donde el negro, incluso, más allá del hecho de tener iglesias separadas de las de los blancos, fue más degradado culturalmente; no permitiéndosele no solo cualquier atisbo de sincretismo (de hecho no podemos hablar de un sincretismo religioso «afronorteamericano»), sino que también se le prohibieron sus cantos, sus bailes, sus ritmos y hasta el uso de los tambores propios de sus etnias, incluso en días, o momentos, de carácter festivo.
La excepción a ello la encontramos, tal vez, en el canto congregacional de esas confesiones (con origen en las plantaciones), al cual, en las iglesias de negros, se le fue añadiendo cierto ritmo y movimiento de los intérpretes, así como ciertas vocalizaciones que desembocaron en las joyas musicales del llamado «negro spiritual», con la introducción en él de novedades por medio de tiempos y ritmos, para llegar más tarde a los ritmos y melodías del blues y del jazz, pero nunca veremos en ellos, por ejemplo, la presencia de un tambor, mucho menos de un tambor batá.
Sobre estos aspectos deberían ahondar los especialistas en sus estudios, no solo por la historia, sino, sobre todo, por el tratamiento que se le está dando a la cuestión racial en Cuba en nuestros días, dado que no son pocas las extrapolaciones que se realizan, incluso con la importación de terminologías que no son propias del lenguaje y de la idiosincrasia del cubano, algo aparentemente intrascendente, pero que pudiera promover entre nosotros una visión, un actuar y un modo de pensamiento totalmente ajeno a nuestra cultura nacional. Baste mencionar, entre otras afines, la expresión «afrocubano», y el alcance de la misma. Es decir, no nos estamos refiriendo al mero uso de una u otra palabra, sino a la implicación y el alcance del uso de ellas. En el caso de Cuba, a ningún cubano se le ocurriría, por ejemplo, referirse a Mariana Grajales, a los Maceo, o a Quintín Bandera, con la expresión «el general afrocubano Quintín Bandera», o «el afrocubano Mayor General y Lugarteniente General del Ejército Libertador Antonio Maceo», o «la afrodescendiente Mariana Grajales»; bástenos leer la obra de José Martí, cualquier libro de historia de Cuba —antiguo o reciente—, o a nuestros reconocidos etnólogos.
En Cuba hubo, y hay, discriminación racial, manifiesta y solapada, visible y subyacente, pero lo que sí nunca se ha puesto en la historia de Cuba es un prefijo a la cubanía. El negro en Cuba, ni siquiera en los períodos de mayor discriminación racial, o en momentos de enfrentamientos directos, como durante la Insurrección de los Independientes de Color en 1912, ha sido considerado nunca (ni el mismo se ha considerado a sí mismo), como «afrocubano», sino como «cubano», «100% cubano», sin prefijo alguno; tan cubano como lo es el blanco o el descendiente de chino. De hecho, la clasificación racial «afrodescendiente», o «afroamericano», como grupo étnico, es de origen estadounidense y ha cobrado fuerza su utilización a partir de 1950; de modo que ella no es de origen cubano (ni latinoamericano), aun cuando el término ha sido culturalmente exportado y asimilado en no pocos sectores de Latinoamérica, sobre todo culturales; algo de lo cual Cuba no ha sido una excepción (¿globalización cultural, o un aspecto introducido en alguna «Agenda…»?).
De ahí que si bien es lícito el término «cultura afrocubana», otra cosa muy distinta es el intento de identificar grupos humanos, o individuos, con el término «afrocubano». Porque es una terminología que involucra una praxis subyacente totalmente ajena a nuestra cultura y a nuestra identidad nacional. El término, reiteramos, ha sido importado de contextos que, si bien pudieran considerarse parecidos, han sido, y son, diferentes entre sí.
Al respecto precisa Fernando Ortiz:
«No son comunes los países que, como Cuba, sean una copela donde en un tiempo relativamente breve (apenas un siglo) hayan fundido sus psicologías gentes representantes de los cuatro clásicos tipos étnicos: blancos (europeos y sus descendientes), negros (africanos —y sus descendientes—), amarillos (chinos —y sus descendientes—), y cobrizos (yucatecos, sin contar los aborígenes)».
La fusión de la sangre, las culturas y las psicologías de estos cuatro clásicos tipos étnicos ha dado como resultado la mezcla que somos, esa que Fernando Ortiz define axiomática y metafóricamente como «un ajiaco»:
«Hagamos mejor un símil cubano, un cubanismo metafórico, y nos entenderemos mejor, más pronto y con más detalle. Cuba es un ajiaco».
Ello es algo que, enfatizo, dejo en mano de los especialistas, yo no lo soy; pero sí he considerado necesario realizar esta acotación de cara al presente y ciertas «importaciones culturales» que, lejos de ayudar a extinguir, lo que hacen es avivar la llama de la diferenciación; y todo esto en nombre de «la cultura»: ¿de la cubana…, o de una ajena a nuestra identidad nacional?

Luego de este paréntesis, y habiendo visto las diferencias en el comportamiento de la Iglesia Católica en las colonias españolas y portuguesas, y el de las protestantes en las colonias inglesas durante el período de la esclavitud, y el posterior a él (comportamiento que supera tanto a la Iglesia Católica como a las protestantes para adentrarse en la cultura y en la idiosincrasia de cada pueblo en cuestión), retomo la cita del cardenal Jaime en el mismo punto donde la interrumpí:
Los cultos religiosos separados para blancos y para negros, de las confesiones protestantes del sur de Estados Unidos, que no fueron nunca practicados por la Iglesia Católica en Norteamérica, inspiraron, sin embargo, por parte de sacerdotes preocupados por la educación de los niños negros, la creación de esta congregación integrada por religiosas negras y mestizas para la educación de niños de su misma condición, y muchas jóvenes negras y mestizas integraron la nueva congregación que vino después a Cuba y se instaló en distintas ciudades.
Y concluye:
Pero por estas razones, había una presencia en la iglesia de Cárdenas de estas mujeres, muchas de ellas catequistas activas en la misión y muy entregadas, y algunos hombres negros y mestizos que habían sido estudiantes de primaria en esa escuela o habían contraído matrimonio con algunas de estas mujeres.
Es precisamente sobre las Hermanas Oblatas de la Providencia, sobre su presencia y legado en Cuba, que versa nuestro encuentro «En Diálogo», cuyo centro lo constituye el documental Las novias de Dios. De ahí que haya estimado oportuno la introducción del testimonio del cardenal Jaime, pues no solo me ha servido de hilo conductor, sino que constituye una expresión nítida de cuán esmerada debió de haber sido la formación académica, humana y religiosa que daban las Oblatas a sus alumnas para que fueran, ante todo, «mujeres dignas», como para que, una vez haber partido ellas de Cuba en 1961, aquellas a las que formaron continuaran dando frutos tan merecedores de loas y alabanzas en cuanto a virtudes humanas y fidelidad a la Iglesia; máxime en un tiempo y en un medio que le resultaba adverso, tal y como lo reflejan las exalumnas del colegio de Cárdenas en su actuar; ese actuar que llevó a aquel joven sacerdote de 28 años, criado en un barrio de negros, a asombrarse con admiración manifiesta ante aquello que veía y palpaba en la parro quia cardenense. Y es que, en palabras de Jesús, el árbol se conoce por sus frutos; por sus frutos los conocerán. Ahí estaban, pues, los frutos de ese árbol frondoso que constituye la Congregación de Hermanas Oblatas de la Providencia.
Luego de la proyección del documental, nuestros panelistas disertarán y responderán todas aquellas preguntas que ustedes tengan a bien realizar durante el diálogo; en el cual ustedes no solo son totalmente libres a la hora de preguntar, sino que también tendrán plena libertad para emitir sus juicios y opiniones, tal y como es característico en nuestros encuentros «En Diálogo».
Nuestros panelistas son: Mons. Ramón Suárez Polcari, Canciller y Vicario General de la Arquidiócesis de La Habana, un gran amante de la historia, de la cual es profesor en el Seminario San Carlos y San Ambrosio, además de tener publicada una extensa obra, tanto de artículos como de dos tomos sobre la historia de la Iglesia Católica en Cuba. Y Gloria Rolando Casamayor, graduada en Artes y Letras por la Universidad de La Habana, documentalista, investigadora y directora, una de las cineastas más activas en Cuba en el campo del cine documental, quien tiene en su haber varios premios, entre ellos el Caracol de la UNEAC, además de ser miembro de la estadounidense Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, organización que se distingue mundialmente por sus premios anuales, los popularmente conocidos «Premios Óscar».
Sin más dilación, reiterándoles a todos nuestra más cordial bienvenida, de modo especial a las exalumnas de las Oblatas que hoy nos acompañan, me complazco en darle la palabra a Gloria Rolando para que nos presente esa oda a la virtud y a la esperanza que constituye el documental Las novias de Dios.
Gloria Rolando: Buenos días, voy a ser muy breve, pero quiero dedicarle esta presentación a la madre María Lange, la fundadora de las Hermanas Oblatas de la Providencia. Muchas veces delante de los restos de ella, en Baltimore, le pedí: «Madre, ayúdeme a hacer este proyecto. ¿Cómo lo voy a hacer? Yo estoy aquí, entonces proporcióneme las posibilidades de poder hacerlo». Y con una fe muy grande en Dios, y en todo lo santo, lindo y bueno que existe, me dieron la fuerza para hacerlo. Pero también tengo que agradecerle mucho a monseñor Polcari, porque cuando yo empecé, y tenía solamente un sueño, este proyecto, él también tuvo mucha confianza en que yo podía hacerlo. Y se pudo hacer. Y quiero dar las gracias a este lugar porque fue aquí, en el Centro Cultural, precisamente en ese patio, en el 2015, donde se hicieron las primeras entrevistas y se recogieron los primeros testimonios. Aquí hay personas que estuvieron aquella mañana. Quiero darle las gracias también al equipo de filmación, que estuvo conmigo en esta batalla: Araceli, Joaquín, Demóstenes, que sin ellos tampoco hubiera podido ser posible esta presentación de hoy. Porque han sido los guerreros que me han acompañado durante todo este tiempo. Y a mi hermana Magaly, que después contaremos un poco más en que se basó todo esto.
Y quiero darle las gracias a mi madre, que fue también la inspiradora de esto. Muchas gracias.
Nelson O. Crespo Roque: Gracias a usted, Gloria. Pasamos ahora al centro de nuestro encuentro, a la proyección del documental Las novias de Dios, con la certeza de que la riqueza de esta obra de Gloria Rolando no nos dejará indiferentes.
(Después de la proyección del documental)
Nelson O. Crespo Roque: El padre Yosvany Carvajal Sureda, director de este Centro Cultural, aunque tiene otras obligaciones esta mañana, ha querido acompañarnos, ha visto gran parte del documental y quiere decirnos unas palabras.
Padre Yosvany Carvajal: Sí, tengo la celebración de la Pascua de la Catequesis en el patio, entré y me enganchó el documental enseguida, me impactó y me quedé porque no podía levantarme ante una obra tan bien hecha, tan emotiva, además que hace justicia a una etapa de la historia que muchas veces queda olvidada o no se ha estudiado a profundidad, y la realizadora ha hecho posible que esto se estudie, se difunda, se conozca. Por eso quiero felicitarla de manera muy especial y me decía: «Esto hay que darlo a conocer». Ojalá Dios quiera y pueda ser transmitido por la televisión, que el pueblo de Cuba vea este documental que verdaderamente es una riqueza y que quedará para la historia de Cuba y de la Iglesia. Me ha impactado la vocación de las hermanas, lo que es capaz de hacer el bien; cuando el bien se hace ya vemos lo que queda en el alma de las personas, en aquellas alumnas que quedaron marcadas por la educación de aquellas hermanas que con la fe, una fe muy bien cimentada, supieron sembrar el bien y educar. Fueron verdaderas educadoras. Felicito a la realizadora, a todos los que colaboraron y quisiera, esto se lo decía a ella, poderlo presentar. Me dijo que después de mayo, cuando se realice la premier, pero me gustaría presentarlo a mi feligresía, a mis jóvenes, a los alumnos de la Laurea en Humanidades de este Centro Cultural, y a tantos que vienen por aquí, porque yo creo que es una obra que debe ser conocida. He aprendido cosas que no sabía yo tampoco y que el documental es capaz de transmitirlo. Así que ahora a los historiadores les queda transmitir esta obra y ahí está monseñor Polcari, que también es un investigador, y que toda esta obra de las Oblatas pueda ser conocida. Muchas bendiciones para todos.
Gloria Rolando: La premier será el 11 de mayo en el cine 23 y 12.
Nelson O. Crespo Roque: Ahora vamos a comenzar la segunda parte de nuestro encuentro, por lo que doy la palabra a los panelistas.
Monseñor Ramón Suárez Polcari: Yo le agradezco mucho a Gloria la labor que ha hecho. Es una labor de investigación histórica llevada a los medios visuales que son tan importantes para que lo conozca mucha gente. Por supuesto que he aprendido hoy muchas cosas y le doy gracias también a Gloria de que se haya acercado a mí y me haya hecho partícipe de todo esto, un cómplice de este maravilloso documental que ni imaginaba que iba a ser así. Yo quisiera añadir que la Iglesia en Cuba enfrentó retos muy grandes en el comienzo de la época republicana, ya en los finales del siglo xix, pero sobre todo en el comienzo de la República. La Iglesia enfrentó una situación tremenda porque desgraciadamente algunos miembros de la jerarquía estaban muy identificados con el gobierno colonial español. Y tuvo que iniciar una nueva etapa.
Creo que una de las respuestas que el Señor nos permitió, a través de la generosidad y de las situaciones históricas para enfrentar esta nueva etapa, fue la educación. Los colegios religiosos llenaron entonces un espacio muy importante, incluso en el caso de otras congregaciones, porque fueron esas escuelas las que propiciaron la incorporación del hombre, en una gran mayoría, a la Iglesia. Porque la mujer siempre ha sido un elemento muy importante en la Iglesia, pero cuando empieza la República quedaban pocos católicos prácticos, algunos estaban resentidos y había mucha preocupación en esto. Las escuelas religiosas fueron trabajando y nosotros tuvimos, como ya ustedes han visto en el documental, la suerte de que esta congregación haya estado aquí ya en el 1900. Así que todavía no se había declarado la República cuando a monseñor Donato Sbarreti, el Obispo, le tocó estar en este tránsito entre la colonia y la república. Ya se había marchado el Obispo español, que no quería irse aunque había sido muy enemigo de todo el proceso de independencia, pero después no quería irse de aquí, sentía que esta era su tierra y en definitiva tuvo que irse y fue nombrado Sbarreti, un Obispo italiano, yo diría que italiano norteamericano, no por su origen sino porque trabajó mucho en la delegación de la Santa Sede en Estados Unidos y conoció al presidente William McKinley y tuvo muchas relaciones en ese país. Y él pensó en traer a Cuba a estas Sisters que tenían una misión tan especial. La Iglesia está en el mundo, está en la sociedad y decía San Juan Pablo II que la Iglesia se hace de un país cuando se hace cultura de ese país, es decir, que vive la experiencia y si no lo hace así no va adelante. De modo que las Hnas. Oblatas constituyen una respuesta que sale de la misma Iglesia, una respuesta a una necesidad. Sister Mary Elizabeth Lange, esta mujer tocada por Dios, como toda esta cantidad tremenda de hombres y mujeres ejemplares que tenemos en la Iglesia. Sister Lange está en el camino todavía, como nuestro venerable Félix Varela. Yo creo que ella está ya a nivel de «Venerable», tengo la impresión. Todavía es de hecho una «Sierva de Dios», su Causa se introdujo ya hace un buen tiempo, pienso que ya sea una Venerable en el sentido del Proceso ese que tienen y esperamos tanto para un milagro que reafirme la santidad de María Lange como del venerable Félix Varela, y de otros.

¡Qué maravilla!, cómo Dios se vale del ser humano para hacerlo instrumento de su obra en un lugar donde dominaba, o sea donde había mayor cantidad de católicos, era el estado de Maryland, en el cual trabajó mucho también Félix Varela desde Brooklyn, Nueva York; estuvo trabajando mucho también en Baltimore con los obispos americanos.
Las palabras del doctor Nelson Crespo fueron muy buenas porque nos enseñan cosas. La esclavitud es el gran pecado del mundo, decía José Martí, la tristeza de la esclavitud, y nosotros, como Iglesia, no podemos decir: «no, no tuvimos nada que ver con eso». Hay trabajos, estudios y preocupaciones, pero aceptación de la sociedad como tal. Lo bueno que tiene esto, y a mí siempre me gusta ver las cosas buenas, es que nunca se aceptan del todo y siempre el Evangelio revuelve por allá dentro el corazón, la mente. Puede parecer así, impresionante, escuelas de monjas negras para enseñar a niños y niñas negras, pero trabajaron en comunión grande porque siempre se sintieron católicas, a pesar de las discriminaciones, y uno ahí es donde dice: esto es obra del Espíritu Santo. Porque siempre se sintieron hijas de la Iglesia, y como hijas de la Iglesia desarrollan una vocación que toma curso gracias también a la jerarquía de la Iglesia, que las apoya y les da ideas: «sean una institución religiosa, conságrense», y ahí empieza esta historia. Me parece que ellas, las Sisters, las Hermanas Oblatas de la Providencia, cogieron el nombre porque en la Providencia Divina fue donde pusieron ellas todo su empeño y su obra. Y pienso que son las pioneras porque arrancan su labor incluso antes de la proclamación de la República. La educación religiosa existía antes en la colonia, pero la situación histórica también influye y así vemos con pena la persecución que se desató en México en la década del 20 y del 30 contra la Iglesia, lo cual hizo que muchísimas congregaciones vinieran para Cuba y aquí empezaran a fundar colegios y colegios. Las Oblatas fue una aportación grande la que hicieron. Empezaron en La Habana y en Cárdenas y después en Camagüey y en Santiago de Cuba. Ellas sembraron.
Cuando yo era párroco de La Caridad me vinieron a ver para poder reunirse y yo les dije: «claro que sí, aquí tienen su casa, aquí pueden reunirse cuando ustedes entiendan oportuno, vuelvan a encontrarse.» Y entonces conocí a muchas antiguas alumnas, algunas están aquí hoy. Por eso me llama la atención también el trabajo propio de un sacerdote en cada lugar.
Gloria Rolando Casamayor: Bueno, qué voy a decir yo. Aracelis tuvo una visión muy importante porque si algunas de ustedes, las antiguas alumnas, están aquí es gracia a que Aracelis guardó los papeles y las direcciones. Porque esto se filmó en el 2015, año muy turbulento para mí, para mi familia, porque fue el año en que falleció mami, fue muy difícil. Quiero hablarles también de la música, especialmente de este capítulo. Aquí está la profesora Magalis Rolando, mi hermana. ¿Cómo es que se llama la pieza?
Magalis Rolando: «Por siempre tú».
Gloria Rolando Casamayor: «Por siempre tú». Ese piano que lo ejecutó ella, pieza que escuché solamente el mismo día de la grabación, yo no la había escuchado antes, y me desmoroné en lágrimas porque le dije «hace falta un número que describa a mami», cómo era esa señora tan bella, tan orgullosa, que nos dio una educación tan especial a nosotros. Ella la describió con esa pieza de piano. También Magalis hizo los arreglos musicales para ese canto tan lindo «El que siembra amor cosecha amor», ejecutado por «Vocal Baobab», y había que utilizar esos cantos porque también llevan el mensaje de la semilla que plantaron las Oblatas.
Le doy las gracias a Joaquín, director asistente, que tantas veces soñamos este proyecto y seguimos soñando porque no hemos terminado, pero cómo hay que trabajar para hacer este tipo de cosa. El ingeniero de sonido, Demóstenes, que me ha acompañado desde el primer documental que yo realicé, Oggún, y han sido unos cuantos ya, como trece o dieciséis documentales. Porque hacer este tipo de obra requiere de mucha investigación. Ustedes vieron que en la secuencia de los créditos hay una gran cantidad de nombres, instituciones, en Canadá, en Alemania, en Estados Unidos. Para que yo pudiera entrar al Convento fue en complicidad con la Madre Superiora, que me admitió en el Convento en el 2017, en mayo precisamente. Estuve un mes encerradita allí, sin hablar mucho, sin comentar mucho, sin permiso de trabajo en Estados Unidos. Y hablando con ellas y de la historia de ellas, haciendo toda la vida rutinaria de un convento, donde hay que levantarse muy temprano, y había un frío… Porque a esa hora ya habían quitado la calefacción. No fue nada fácil para mí. Pero al mismo tiempo todo aquello me daba una paz y una seguridad muy grande y me las fui ganando poquito a poquito.
Porque déjenme decirles que yo las conocí en el 2014, cuando fui a Maryland a poner en la Morgan State University el documental Reembarque, y estando allí le digo a los que organizan el programa: mi mamá siempre me habló que había en Baltimore unas monjas negras. Y me dicen «había no, existen». Y a mí me entró la comidilla y entonces pedí a esos organizadores que me llevaran al convento. El día antes de yo irme de Maryland, de Baltimore, casi a las siete de la noche, una hora dificilísima para visitar un convento, pero esa fue la hora en que me pudieron llevar. Y allí me recibieron ellas, las últimas cuatro Oblatas de la Providencia, hermanas que habían ido a hacer el noviciado y que estaban tan contentas de haber recibido a una cubana que vive en Cuba. Porque ellas habían conocido a otras, pero que viven allá, pero ver una cubana que vive en Cuba para ellas fue algo muy especial y entonces fue cuando ellas me dijeron que en Cuba todavía quedaban algunas antiguas alumnas. Y entonces me dije: ah, aquí lo que hay que hacer no es una visita sino un documental. Ya a partir de ese minuto yo quedé enamorada, comprometida con el tema, sin un centavo, pero empecé a rodar como casi todo lo que yo he hecho. Así fue como se hizo El Colegio San José, de Cárdenas, a través de un núcleo que tenía de antiguas alumnas. Era una historia bien concentradita y ese proyecto se pudo hacer de modo totalmente independiente, con tremendo esfuerzo. Joaquín y Aracelis estaban conmigo y Demóstenes también y muchos no saben todas las que pasamos para hacer El Colegio San José. Qué lindo cuando esas mujeres empezaron a sacar medallas, empezaron a sacar las fotos y sobre todo las memorias. Qué cosa tan hermosa. Bueno se logró hacer El Colegio San José, pero vino la pandemia y quedó guardado todo este material esperando a que pasara la Covid, si íbamos a vivir, a sobrevivir. Yo misma estuve once días ingresada. ¿Cómo íbamos a hacer? Dios mío, ¿yo iba a tener que dejar inconclusa esta obra? Orar, orar y orar y tener fe para poder salir de todo esto y el año pasado el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) decidió asumir el proyecto y así fue como se pudieron impulsar los capítulos 2 y 3.
En el capítulo 3, que no lo vamos a ver hoy, lo vamos a ver más adelante, se llama Ángeles de la memoria, puedo poner el ejemplo de Charlin. ¿Porque de dónde yo sacaba los ángeles negros? No fue nada fácil. Había que pintar angelitos negros y Charlin fue una de las que con mucha inteligencia, pasión y constancia envió uno de los ángeles negros para la película y así otros fueron enviando los suyos, pero el ángel de Charlin es un ángel que tiene las alas y los brazos abiertos como diciendo «coge esta historia, cuéntala, dila» y yo le estoy muy agradecida a Charlin y a su tío, que fue el que recibió aquí en Cuba al angelito. Y así se han ido haciendo las cosas. Pero también hay que agradecer a otros músicos, como a Tony Ávila, que hizo esta canción y cedió los derechos para Hermanas de Corazón. Miguelito Núñez, que igualmente participó, Vocal Baobab, alumnos del Instituto Superior de Arte que hicieron las grabaciones también. Muchas personas que colaboraron en el proyecto y sobre todo la paciencia que tuvieron las antiguas alumnas de las Hermanas de la Providencia en confiar, en dar todos estos testimonios. Henrieta sabe todo lo que se trabajó, Cary y todas las otras saben todo lo que se trabajó para poderlo lograr, poquito a poquito, el capítulo 2, que es este que ustedes vieron, Las novias de Dios, y Ángeles de la memoria. Es un proyecto que hubo que trabajarlo mucho y sobre todo yo sabía que iba a ser un riesgo porque había momentos difíciles de contar, por ejemplo, la salida de ellas. Cuba se defendía pero al mismo tiempo había injusticias; Cuba estaba en un proceso político de país nuevo; pero al mismo tiempo hubo enfrentamientos del lado de allá y del lado de acá. ¿Dónde quedó la valoración del trabajo que hicieron estas mujeres? Quedó en los dos terrenos; yo te halo, tú me halas, yo digo, yo dispongo, y ahí en el medio quedaban ellas, y se cometieron injusticias y hay que tener valor y hay que decirlo. Estaba el proceso revolucionario, pero se cometieron errores y eso sale en el documental. Hubo personas que tuvieron el valor de contarlos porque yo no iba a pasarle por arriba a eso, no era justo. El testimonio precisamente de la madre de este músico famoso, Hilario Durán, que se filmó en Canadá, Cirita, que fue maestra de las Oblatas y que tenía una historia y un recorrido muy importante. Ella fue la que recordó que las Oblatas fueron muy bien acogidas por el gobierno revolucionario en un principio porque atendieron a las niñas que incluso eran analfabetas o que no tenían mucha educación Las enviaron a las Oblatas por el origen que tenía la congregación, pero ya después tomaron otras medidas. Hay que tener confianza y valor al decir las cosas, cómo fueron, porque eso no se podía decir. Bueno, sí, ya se fueron las Oblatas y ya. No, había que contar ese triste capítulo y también poner toda la documentación que en esa época está saliendo, la prensa en Cuba, la defensa de Cuba, la etapa de la alfabetización, la etapa de Girón. Es un momento difícil para este país. Es una combinación de muchas cosas y había que arriesgarse y este es un cine que tiene que enfrentarse a muchos criterios establecidos, como se hizo con lo ocurrido en 1912, con la historia del Partido de los Independientes de Color.
Yo le estoy muy agradecida a monseñor Polcari porque el confió en mí y recuerdo también a una persona a la que yo me acerqué cuando escogí este tema, el doctor Eduardo Torres-Cuevas. Yo le pregunté «quisiera hacer esto ¿qué usted cree?» Y me dijo: «sería un gran acto de justicia». Y eso es justamente lo que hemos tratado de realizar aquí, un acto de justicia para esas mujeres que dieron tanto por la educación, no solamente de niñas negras, porque allí había muchas blancas también. Y en el caso de los chinos, tengo una anécdota muy interesante que me llegó a través de Aracelis. Aracelis empieza a recibir noticias de Eddy. Eddy es un señor que está en Nueva York y empieza a decirnos: mi mamá tiene cosas que contar, mi mamá tiene cosas que decir y empieza a mandar fotos de Ofelia y resulta que Ofelia es esa chinita que aparece en el documental. Y la tuve que incluir porque además el Colegio estaba en el Barrio Chino y aparecen esas fotos de los chinos, de las chinas también, que mandaron a sus hijas con las Oblatas porque era un lugar donde iban a recibir muy buena educación. ¡Miren qué cosa! Mandaba él la foto, la documentación de Ofelia y nosotros incluyéndola. Ese colegio, Saint Frances Academy, que todavía existe, tiene una historia muy interesante. Recuerden que es la época del siglo xix, la época de la guerra de independencia, cuando existían muchas familias cubanas en Estados Unidos y esa puede haber sido una de las fuentes por la que llegaron niñas a estudiar en las Oblatas. Porque aquellas familias estaban en Tampa, en Cayo Hueso, en Nueva York, en muchas ciudades de Estados Unidos, huyendo de la guerra y colectando dinero para la Guerra de Independencia. Es decir, había una población cubana bien interesante y muchos querían tener la posibilidad de que sus hijas fueran a un colegio católico y a veces tenían incluso hasta las posibilidades de pagar, y así fue cómo se fueron integrando. Ese es un capítulo que yo no pude reflejar claramente en el documental porque necesitaba más investigación, más voces, y resultaba mucho material también, pero ese es un capítulo fascinante, la comunidad cubana, y fíjense que es a través de un Cónsul, como cuenta el cónsul Cayetano de Quesada, que es quien introduce esta posibilidad de que las Oblatas llegaran también a Camagüey. Porque él conocía la obra de las Oblatas. En los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores hay fotos y hay biografías de algunas de estas Oblatas, todo eso ya no lo pude incluir porque era mucha la documentación, pero ahí están ellas en los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores. Son muchas cosas que decir. Y bueno, ahora son ustedes los que tienen la palabra.
Caridad Santos, ex alumna de las Oblatas de Marianao: Primeramente, antes de hablar del padre Ramón Suárez Polcari todas nosotras estamos eternamente agradecida a Gloria por esta obra y a todo el equipo de realización. Que nos ha conmovido, pero ha sido una alegría porque nunca pensamos que este reconocimiento se les hiciera a esas grandes mujeres, a esas grandes educadoras, y después de todo lo que ellas hicieron, de todo lo que sembraron, médicos, maestros, mujeres del bien, como dice el himno de nuestra escuela. Nosotros hemos podido volver a reunirnos en cada provincia y hacer la cofradía de las Hermanas Oblatas. Porque cuando nosotras llegamos a las puertas de la Iglesia de La Caridad para ver si podíamos hacer la Cofradía, empezar a reunirnos, a recordar todos esos momentos, se nos abrieron las puertas de la Iglesia y las puertas del corazón del padre Polcari. Que sepan los dos, y todos los que han tenido que ver con esto, que estamos eternamente agradecidas y muy conmovidas y muy emocionadas porque ya hay muchas compañeras que no están y no pudieron ver todo esto. Gracias, muchas gracias en nombre de todas las Oblatas.
Gloria Rolando: Gracias, Cary, gracias. (APLAUSOS) Pero no te emociones tanto que hay que llegar al 11 de mayo, que será la premier.
Nelson O. Crespo Roque: El micrófono está abierto; es la oportunidad de ustedes. Así que siéntanse libres de participar, sin pena alguna.
Magdalena López Fernández: Como vieron en el documental, soy hija de Dulce María Fernández, que fue una de las iniciadoras de la Cofradía, o sea de la fundación de la Cofradía, ya ella es fallecida, esta con Dios, o eso espero. Soy hermana de Alicia López, otra que aparece en el documental que al irse mi mamá a los Estados Unidos trabajó mucho al frente de la Cofradía, también fallecida desgraciadamente este año. Es decir, corre por mis venas Hermanas Oblatas y correrá hasta el último día de mi vida.

¿Qué puedo decirle a Gloria y a todo su equipo, que más que un equipo es una familia? Una sencilla palabra que se las repetiré siempre: «Gracias». Han rescatado parte de la historia de Cuba, parte de la educación de Cuba y parte de mi humilde historia sobre la cual me yergo. Yo, verdaderamente, no puedo dejar de decir gracias, pero hoy además le doy las gracias al doctor Nelson por las palabras con que introdujo el tema en la mañana de hoy porque verdaderamente responden a la educación que me dieron las Oblatas. Yo no me di cuenta de que las Oblatas era una escuela de niñas negras en su mayoría, porque había negras, chinas, había de todo; o sea yo no puedo decir yo estuve en una escuela de niñas negras, no me di cuenta en ese momento, porque los niños no se fijan en esas cosas, los niños son personas, son tus amiguitos, son tus compañeros, los niños no se fijan, a no ser que los adultos le marquemos esas diferencias y yo no me di cuenta y ahora después de grande, después que fui creciendo, después que fui leyendo, después que fui conociendo la historia, me di cuenta de que yo iba a una escuela de monjas donde la mayoría eran niñas negras. Porque esas monjas que ahora las recuerdo negras, lindas, con una dignidad extraordinaria, lo primero que me dijeron fue «tú tienes que ser una mujer digna, una cristiana digna, una gran persona». Nunca pusieron apellidos, nunca me dijeron «tú tienes que ser una negra digna». La palabra negra, blanca, no existía, y yo eso se los agradezco porque he vivido todo el proceso revolucionario; nací en el 53 y era una niña el 4 de marzo de 1960 cuando explotó La Coubre. Yo estaba en Infanta y San Lázaro y en el momento que yo entro a una tienda con una monja los cristales fueron al piso a causa de la explosión. Me abrazó la monja y me sacó de allí. Por suerte no nos pasó nada, gracias a Dios. Es decir, yo he vivido todo ese proceso en Cuba, he vivido el proceso de ser una mujer marginada a pesar de ser una profesional, Master en Ciencias, ingeniera geofísica. ¿Y por qué estudié geofísica? Estudié geofísica porque yo hubiese querido ser psicóloga, hubiese querido ser maestra, pero me fue negado porque creía en Dios. Porque para aquellas monjas lo primero era Dios y por Dios todo, así fue como me enseñaron y solamente me enseñaron del 50 y pico al 61, no fueron 20 años que me dieron clase, no. En ese poco tiempo que estuve en la escuela, yo siempre lo digo, me pusieron un cuño de hierro, y me lo pusieron candente en el corazón y todavía tengo esa marca. Y creo que Dios me acoja con esa marca en mi corazón. No puedo olvidar eso: «tú eres ante todo una cristiana, tú eres hija de Dios». A mí en mi trabajo me dicen «la hija de Dios». ¿Por qué? Porque cuando yo tengo un problema yo digo: «ay, no se preocupen yo soy hija de Dios». Y parece que Dios me da esa oportunidad de dar testimonio. Por eso se ríen de mí con una jocosidad cubana y me dicen: «ella es la hija de Dios». ¡Sí, soy la hija de Dios! Y no renuncié a Dios cuando nos marcaron, no renuncié, y yo decía, porque está en el Evangelio: «Los que sufran en mi nombre, los que padezcan en mi nombre, serán recompensados».
Monseñor Ramón Suárez Polcari: Esa es la bienaventuranza: «Bienaventurado aquel que sufre…»
Magdalena López Fernández: Bien, yo no he sido recompensada después de la muerte, yo he sido recompensada en vida. En estos momentos yo soy una profesional que se me respeta y todos los que me cerraron puertas tuvieron que abrírmelas. En este momento he trabajado en niveles altos. Bueno, yo, esta negrita, chiquitica, viejita, que ustedes ven aquí, ha estado sentada en una institución de las Naciones Unidas, y a mí las lágrimas se me salían, y donde yo estaba sentada decía el nombre «Cuba» y la gente me miraba y no podían entender, ni van a entender nunca, por qué era que a mí las lágrimas se me salían. Porque yo nunca pensé que la proscrita iba a llegar allí, sentadita, con toda humildad, porque yo soy una simple mujer, pero señores, en mi corazón estaba la fe y está la fe, y esa fe y esa dignidad y esa grandeza del ser humano, porque somos hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza, siempre lo he sentido en mi corazón porque eso me lo decían siempre. Se lo debo ¿a quién? A mi madre y a las Hermanas Oblatas. Y pienso morirme en Cuba, como cubana, como mujer, como mujer digna, pero, sobre todo, como cristiana digna. Muchas gracias. (APLAUSOS)
Monseñor Ramón Suárez Polcari: A nosotros nos toca sembrar y siempre mantener la permanencia en donde quiera que estemos, pero la permanencia de lo que nosotros sentimos y somos es lo que nos va dando después. El Señor regala a veces como esas Hermanas que te enseñaron a abrirte paso en la sociedad. Después uno lo va aplicando en lo que a cada uno le toca, pero creo que a ustedes se lo enseñaron profundamente. Yo les voy a ser sincero y me van a perdonar, no lo tomen como ofensa, por favor, porque en definitiva a mí mi papá me enseñó muy bien a nunca ser racista, gracias a Dios. Eso se lo agradezco mucho. Jamás fui racista ni lo he sido ni lo seré. Pero a veces yo le digo a una monja, a una antigua alumna de las Oblatas: a mí me parece que hubo algo que a ustedes le enseñaron a ser muy especiales porque yo he tenido contacto con antiguas alumnas, pero a ustedes las enseñaron a ser muy especiales, y qué dificultades habrán tenido después ustedes para conseguir pareja. Gloria Rolando: Usted me lo dijo a mí también.
Monseñor Ramón Suárez Polcari: Que nadie se sienta ofendido, por favor, pero es que precisamente esas Hermanas le enseñaron a ustedes a ser mujeres especiales en una sociedad donde siempre estaba la marginación, la discriminación. Desgraciadamente la humanidad tiende a ser así, a dividirse, y donde hubo esclavitud ha habido como fruto un fuerte racismo. Nosotros, los cubanos, siempre hemos sido especiales, y no quiero ser chovinista, nacionalista, pero yo estuve en Brasil en el año 90, fui a un encuentro precisamente para hacer estudios de sincretismo religioso, y no se dio el curso, el encuentro se suspendió; pero ya estábamos allí, gracias a Dios, y nos llevaron a algunos lugares, entre ellos a Bahía, una ciudad donde es muy fuerte el camdomblé y la negritud. Y vi carteles que decían «pastoral en la Conferencia Episcopal», «Pastoral del negro». Para mí eso es algo que no tiene sentido, me cuesta trabajo entenderlo. Porque me parece que la pastoral es para todo el mundo. Claro, hay situaciones y situaciones. Después, en encuentros con grupos de la negritud, me di cuenta que nosotros tuvimos otra experiencia, dura; pero otra experiencia. Porque nosotros tuvimos próceres, como bien tú decías, Nelson, negros, y a nadie se le ocurre decir en Cuba «el general afrocubano». Bueno, sí, tal vez haya alguno que pueda decirlo… Pero ellos se quedaban boquiabiertos cuando yo les contaba las experiencias nuestras, cubanas. Porque ha habido negros presentes en toda nuestra historia importante. Y se abrieron paso en la sociedad, se abrieron paso, y tuvimos de todo porque, aunque nos guste o no, Fulgencio Batista era un mulato, como decimos nosotros, bastante atrasado, dentro de esas expresiones que se consideran como culturales. Es decir, el negro se abrió paso también y hubo condiciones que lo propiciaron. Ahora lo importante de esto es no dejarse aplastar por nada sino siempre ir hacia adelante. Me preguntó Gloria ¿y usted me aprueba todo este documental? Bueno, yo te puedo dar el nihil obstat que se da en los libros, es decir yo le doy el nihil obstat a Gloria por este documental maravilloso. Yo no vi el primero, no lo he podido ver.
Gloria Rolando: El primero y el último. Le falta El Colegio de San José y Ángeles de la memoria.
Monseñor Ramón Suárez Polcari: Bueno, no sé cómo será el de San José ni cómo va a ser el otro, pero por lo menos en este creo que has logrado el propósito de presentar la obra de las Oblatas en Cuba y haberlo hecho de una manera que me encantó. El montaje está muy bien logrado y también está la valentía que hay de tener para decir la verdad. Pero a Gloria la felicito también por esta presentación de aquel momento tan difícil que fue el año 61. En el documental está ahí, presente, y me parece muy bien y me alegra que abramos caminos y puertas porque si esto lo aprueba el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos…
Gloria Rolando: Está aprobado ya.
Ramón Suárez Polcari: Qué bueno, porque también eso significa algo, significa que vamos abriéndonos paso y diciendo las cosas y presentando las verdades. Y a mí me pasa igual; si Dios me lo permite voy a ir el día 2 de mayo a un seminario en la Universidad de La Habana, en la Facultad de Historia. Porque en la sección Historia de Cuba ha surgido ahora un grupo que se llama Estudios de la Historia de la Iglesia Católica en Cuba, integrado por profesores e investigadores, que está, por supuesto, aprobado, no es clandestino, y organizan seminarios y me han invitado a participar en uno de ellos. Entonces no perdamos nunca la esperanza, hay que seguir trabajando porque en definitiva todos los que hicieron esto pensaron siempre así.
Esperanza Purón, profesora de la Universidad de La Habana: No quería terminar sin felicitar a todos los que trabajaron en el documental. Hay algo muy interesante que pensé que alguien lo dijera, pero no quería dejarlo pasar. Baltimore, Maryland, el padre Varela recibió su doctorado de la Universidad de Baltimore. Eso, primero. Segundo, la excelente presentación del tema, para mí ha sido excelente cómo han enfocado todo ese asunto, la valentía, como ya lo dijo el padre. Pero lo más interesante es la Providencia, Él es el que hace, Él es el que nos manda y nos da la oportunidad de sembrar. Yo tengo una historia parecida a la que dijo Gloria, y el Señor nos abre el camino. ¿Por qué? Porque Él es el camino, Él es la verdad y nos da toda esta vida que tenemos hoy. Gracias. (APLAUSOS).
Monseñor Ramón Suárez Polcari: Muy bien, muy bien. Ahora, y ya con esto me voy, también estoy casi seguro de que Varela conoció a Lange, a Mother Lange, porque Varela muere en el 1853 pero, como tú bien dijiste, a él le dan el Doctorado en la Universidad Católica de Mount St. Mary’s, de Baltimore. Y él fue consultor, y él estuvo con los obispos norteamericanos en los sínodos que hubo.
Gloria Rolando: Mary Lange muere en 1882.
Monseñor Ramón Suárez Polcari: Por eso, él tuvo que encontrarse con las Oblatas en algún momento. Que Dios los bendiga a todos, y a ti, Gloria, sigue adelante Nos vemos. Bendiciones a todos. (APLAUSOS)
Gloria Rolando: El 11 de mayo va a ser la presentación oficial de Hermanas de Corazón en el cine 23 y 12 a las cinco de la tarde. Esa va a ser la premier. Se va a poner Las novias de Dios y Ángeles de la memoria. Ese día, 11 de mayo, la entrada es libre, todo el que quiera ir, aquí no hay exclusividades. La exclusividad es la del alma, las almas que quieran ir allí a ver esta historia. ¿Hay alguien que quiere decir algo más?
Gerardo López Fernández: Soy hermano de Magdalena y como hijo de una ex alumna Oblata, sobrino de Sister Anunciata que la entrevistaron y he estado muy cerca de las Oblatas siempre, incluso fui testigo, y me lo recordó mucho la señora que entrevistan que narra la experiencia de ella cuando las Oblatas se fueron de Cuba y habla de esa fila de monjas que se despedían. Yo fui testigo, yo estaba allí en aquella terraza del aeropuerto aquel día, y recuerdo exactamente aquel gesto de Sister Winifred cuando sube por la pequeña escalerilla, porque era un TCC, de Pan American, y pone la mano sobre la escotilla del avión, se vira y dice: «Hijas, hasta el cielo». Yo era un niño, por supuesto, pero recuerdo perfectamente ese día.

Gloria Rolando: Sí, hay otras personas que también recuerdan eso.
Gerardo López: Yo estaba en la terraza del aeropuerto ese día porque cuando aquello todavía se despedía a la gente desde la terraza de la que hoy sería la Terminal 1 del aeropuerto.
Gloria Rolando: Sí, estaban bastante cerca.
Gerardo López: Yo he estado vinculado a las Oblatas y después a toda la creación de la Cofradía y ayudaba a mi madre con la documentación. Lo que yo quiero añadir es que su trabajo, Gloria, ha sido un acto de justicia. Es cierto que ha sido un documental valiente, pero no es solo eso, sino la forma en que usted lo ha hecho y que realmente es una artista, se ve que ha sido un trabajo de artista por la belleza con que nos ha mostrado todas estas verdades, la grandeza de rescatar esta historia, de hacer posible que pueda llegar a las otras generaciones. Por ese arte también le estamos agradecidos. Gracias, Gloria. (APLAUSOS).
Gloria Rolando: Muchas gracias. Seguimos.
Olga Cecilia García Moreira: Buenas tardes. Soy psicóloga de profesión y pertenezco a la sección de la Sociedad de Psicólogos de Cuba (SERES) que se dedica a estudiar e investigar acerca de la diversidad de identidad y la comunicación social. Soy colega de Gloria en esa sección y no puedo decir menos que la felicito con mayúsculas. Cada vez que presente este documental la voy a acompañar porque me sobrecoge transita por mis venas. Nací en el 64, tengo formación católica, por tradición familiar, hice primera comunión, catecismo, fui bautizada aquí en la Iglesia María Auxiliadora, en La Habana Vieja, porque este es mi lugar de nacimiento, de procedencia y la primera vez que vi el documental, gracias a que compartimos juntas la presentación, yo me decía: «Caramba, no sabía de la historia de las Oblatas». No puedo decir otra cosa, estoy feliz de estar aquí y le agradezco muchísimo a Gloria esta obra. Muchas felicidades. (APLAUSOS)
Gloria Rolando: Gracias. Hay una pequeña anécdota familiar porque no fue solamente una foto de mi mamá con el uniforme de la escuela nocturna. Era la memoria de Sister Loyola, una monja a la cual mami le tenía una especial adoración y mi hermana Magalis lo sabe perfectamente. Y yo creía que Sister Loyola era americana porque Sister, Sister, Sister, yo no sabía y resulta que allí en el convento de las Hermanas Oblatas de la Providencia cada monja fallecida tiene un file, con su historia, fotos y demás. De Sister Loyola no había muchas fotos pero de pronto descubrí que era cubana. Yo llamé a Magalis y le dije: Magalis es que Sister Loyola era cubana y la bautizaron aquí en la Iglesia del Espíritu Santo. Era cubana. Y encuentro la carta, la carta que le manda Sister Mery Edward diciéndole: venga, reúna lo poco que tiene, no importa el dinero, no importa la ropa, venga. Ahí fue cuando yo me di cuenta de cómo ellas iban agrupando a aquellas niñas o jóvenes que sentían la vocación y que iban allá a hacer el noviciado y se convertían en esas novias de Dios. Yo no tuve tiempo de haber filmado un traje original, ellas se vestían de novias. Ahora eso ha cambiado mucho, pero eran trajes de novias, con su buqué y las flores; era una cosa bien especial. Y todas esas muchachas como Sister Loyola, la foto de mi mamá, aquel nombre, Baltimore, y Sister Loyola. Esas tres cosas fueron las que siempre estuvieron ahí y fueron las que me llevaron a poder hacer este documental. Pero recuerdo que ese día que descubrí que Sister Loyola era cubana y que mami tanto le cantaba en sus misas íntimas espirituales yo decía: «¡Magalis, es que ella era cubana, ella era cubana!» Y murió muy joven y por eso la recordaban tanto. O sea que se unieron muchas cosas. Nosotros somos de origen pobre, pero mira cuantos tesoros: nuestros padres, nuestras madres y aquí está Aidita, mi prima, cuántas cosas nos dejaron. Por eso también pude hacer un documental como Diálogo con mi abuela, a partir de una conversación grabada en un casete y así han transcurrido las cosas. Trini, que conoció también este proyecto, que es mi hermana de corazón de la Universidad, que cuando Magalis y ella todavía no habían llegado del trabajo yo con el negrito de un lado y con el japonesito del otro, el hijo de Trini y el hijo de Magalis, yo sacándolos del Círculo. Y Trini también impulsó mucho para que esto se hiciera. Te doy las gracias, Trini.
A partir de ahora todas las películas que yo haga las voy a poner aquí, si me lo permiten. Bueno yo no tengo más nada que decir, solamente darle las gracias por su paciencia.
Nelson O. Crespo Roque: Gloria, aquí tienes tu espacio.
Gloria Rolando: Gracias, gracias, ahora vamos a ponerlo todo aquí. (APLAUSOS)
Nelson O. Crespo Roque: Sientan este espacio como propio, y esto lo digo no solo en nombre de la revista Espacio Laical sino también, usando las palabras que expresó al inicio el padre Yosvany a Gloria, en nombre de este Centro Cultural. Y es que este es un lugar realmente especial, esta histórica edificación, otrora sede del Seminario San Carlos y San Ambrosio, es, como todos conocemos, la cuna de la nacionalidad cubana. Por ello no hay lugar más idóneo que este para tratar temas como el que nos ha reunido esta mañana, y sobre tantos otros que pudiéramos tratar. Muchas gracias a todos ustedes; gracias, Gloria, por tu amabilidad y disposición desde la primera vez que hablamos sobre la proyección de tu documental en este espacio «En Diálogo», así como por tu especial deferencia de proyectarlo en este espacio, incluso antes de que se realice la premier el próximo mes de mayo. Gracias, pues, por esa, digamos, exclusividad.
(APLAUSOS)


