La consolidación de las relaciones diplomáticas hispano-cubanas en 1952 garantizó que la presencia arquitectónica de Cuba quedara perpetuada en dos monumentos en Madrid. El primero en el parque de El Retiro (1952) y el segundo en el Parque del Oeste en honor al ya difunto director del Diario de la Marina José Ignacio Rivero Alonso (1954).2 La Gran Antilla, sin embargo, no pudo reciprocar el gesto del franquismo, pues la huida de Fulgencio Batista al iniciarse 1959 dejó a medias el proyecto de la colonia española y sus descendientes. La iniciativa partió de José Ramón Cuervo Canga en 1952 con motivo de los festejos por el cincuentenario de la independencia de Cuba y animado por la concreción de la idea en Argentina, Uruguay y Brasil.3 Básicamente, Cuervo Canga sugería honrar a ambos hogares. A Cuba por ser la hija bien amada de España, y a ésta como matrona y fundadora de un Nuevo Mundo, madre de América y llena de predilecciones sentimentales e históricas para la primera hija en el Descubrimiento y la última en separarse de ella».4
Pero durante los dos primeros años se avanzó muy poco y, a mayores, la propuesta no contó con el apoyo de Juan Pablo de Lojendio, embajador de España en La Habana.5 Fue necesario esperar hasta 1954 para que el «Comité del homenaje de los españoles y sus hijos a la República de Cuba» echara a andar la maquinaria y recalcara que el éxito dependía del esfuerzo de las instituciones, de los centros regionales españoles y del pueblo cubano en general.6 Del llamado se hicieron eco personalidades del mundo empresarial, hispano y asociativo. He aquí una pequeña muestra: Contribuyentes con 2.000,00 pesos cubanos José Ramón Cuervo Canga, José Gasch Prieto, Inocencio Blanco, Enrique Gancedo Toca, Juan Gelats Botet, José y María Luisa Gómez Mena y Sucursal Falla Gutiérrez; con 1.000.00 pesos Trust Company of Cuba, Baldomero Casas Fernández, José Arechabala, Solís. Entrialgo y Cía. S.A., Hnos. Castaño Montalván; con otras cantidades: Casino Español de Matanzas, Colonia Española de Ranchuelo, Colonia Española de Caibarién, Colonia Española de Artemisa, Casino Español de Unión de Reyes (Fuente: Diario de la Marina, La Habana, 1954- 1956.)
Con el fin de involucrar a los menos pudientes se pusieron a la venta los bonos de la Fraternidad Hispano-Cubana por valor de 1, 5, 10, 20, 50 y 100 pesos, y se extendió la campaña de cuestación a todo el país. La prensa se sumó también al plan y resaltó lo importante de materializar el homenaje. El periodista santanderino Daniel Camiroaga lo evaluó como un hito en la historia inmigratoria estrenada por Colón y como una síntesis del «esfuerzo de toda una raza que aún hoy, es uno de los puntales de la economía de un país […]».7 El gallego Roberto Santos ensalzó su grandiosidad por «la honda y sugerente espiritualidad que su erección representa […]».8 Mientras que el asturiano Rafael Suárez Solís ponderó la gratitud como esa razón por la «que el español reconociendo que vive en casa ajena, se siente como si viviera en casa propia y desea pagar esa hospitalidad con la prueba más allá del respeto que es el agradecimiento».9
Solo el periodista cubano Gustavo E. Urrutia hizo un alto en el camino de los halagos para señalar que lo más saludable era «fundar en vez de erigir».10 En esencia aconsejaba la creación de una institución cultural en España y emplear lo colectado en becas para los jóvenes del país. Llevaría yo a la península, indicaba, «una corriente de cubanos para que a su regreso nos dijesen ellos mismos lo que es el pueblo español y lo que España significa para Cuba». Esto sería, «todo un monumento funcional y militante de elocuencia insuperable»; o sea, un servicio permanente en lugar de un obsequio esporádico de piedra inerte.
Sordo a los reclamos de Urrutia, los impulsores siguieron adelante y otros pasos más apuntaron a que 1954 sería un año diferente. Se solicitó a Batista declarar oficialmente Día de la Fraternidad Hispano-Cubana cuando se colocase la primera piedra o se inaugurase la obra; se instituyó el premio «Monumento a Cuba», y resultó ganador Jorge Mañach por su artículo «Monumento español a la República»;11 también se logró recaudar 65.659,80 pesos cubanos de los 200.000 estimados. Parte del monto se obtuvo gracias al espectáculo musical organizado por el locutor Manolo Serrano y la artista Felicia Amelivia en el Palacio de los Deportes,12 y al gesto de la actriz madrileña Guadalupe Muñoz Sampedro de donar su última presentación en el Teatro Martí.13
Pero los problemas no tardaron en aparecer. Los planes de cerrar la suscripción tuvieron que ser prorrogados y el asentamiento del monumento hizo el resto. En un principio, José Pardo Jiménez, ministro de Obras Públicas, atendiendo al deseo de los promotores, contempló la franja triangular en la ampliación del Malecón habanero entre las calles C y D del Vedado, pues desde allí sería visto por todos los españoles a su arribo al puerto de La Habana y con el tiempo podía convertirse en un sitio de peregrinación «el Día de la Raza, el Día de la Fraternidad Hispanocubana, que oportunamente se habrá de crear; el Día del Descubrimiento y otras fechas no menos relevantes».14 Sin embargo, en diciembre de 1954, terminadas las labores constructivas, las autoridades informaron que las proporciones del espacio no eran las más adecuadas y, en su lugar, asignaron terrenos cercanos a la rotonda de Cojímar y a las avenidas de Paseo y Zapata, opciones que el comité gestor desechó. Ante la aparición de los primeros obstáculos, el gallego Juan Joaquín Otero, presidente del Club de Leones de La Habana, escribió a Cuervo Canga: «[…] he pensado algunas veces en la dura labor en que te has metido y en los infinitos escollos y contratiempos que tienes que vencer para llegar al final de tus ponderadas aspiraciones […]. Aunque la enorme copa que tú habías creado en tu despierta imaginación no llegue a rebosar sus bordes, ésta feliz idea tuya del magnífico monumento a Cuba es digna de la cooperación de todos los españoles e hijos de españoles. Muy, particularmente, de todos aquellos que, al igual que yo, hemos creado aquí una familia.»15
Más cauto en los elogios, el periodista Arturo Alfonso Roselló recomendó: «Para tal logro sería bueno […] que se calculase, ya concebido el proyecto y articulado por un escultor de renombre -y si no puede ser esto, por quien sea- el volumen de la inversión. Y hecho esto, que todos trabajasen por integrarlo. Si la meta es medio millón de pesos, ha de acudirse a los poderosos y a los humildes para que dando mucho o poco, en plazo inmediato, se reúna el dinero que traduzca en realidad una intención muy bella» […].16 La propuesta de Alfonso Roselló de precisar el costo total, seleccionar el escultor, elaborar el presupuesto y poner pautas a la cuestación en marcha trajo de vuelta la polémica. El historiador César García Pons, por ejemplo, sugirió invertir el dinero en un inmueble práctico como la Ciudad de los Niños, impulsada por el párroco Ismael Testé para los infantes desvalidos, abandonados y huérfanos. En su opinión, esto sería más beneficioso que adornar la capital con otra edificación ornamental que, «como de ordinario, pasaría el transeúnte de mañana sin preguntarse siquiera qué es lo que representa, cuando esa gratitud podría descansar en el hecho social de haber salvado de la ignorancia y de la miseria a cientos de niños».17 Gregorio Alonso, por su parte, aconsejó levantar un monumento a Carlos J. Finlay por lo mucho que se le debía al doctor cubano en ambas orillas del Atlántico y Félix M. Goizueta defendió la erección de una biblioteca cervantina en la Plaza de San Juan de Dios junto a la estatua de Miguel de Cervantes.
En cualquier caso, los criterios encontrados no hicieron mella en los objetivos trazados. Por el contra- rio, la disposición de seis artistas españoles de enviar sus bocetos y el apoyo expresado por Alfredo Sánchez Bella, presidente del Instituto de Cultura Hispánica (ICH), insufló nuevas esperanzas. De esta suerte se autorizó a Carlos Ripoll, vicetesorero del comité gestor, para que a su regreso del I Congreso Iberoamericano de Municipios con sede en París realizara una parada en España y se entrevistara con los directivos del ICH y los escultores interesados. Los ánimos se fortalecieron aún más tras la decisión del Ministerio de Hacienda de exonerar de derechos fiscales los materiales importados para la construcción y el compromiso del Ministerio de Obras Públicas de fijar el emplazamiento definitivo en la avenida de Carlos III y la calle G, o al pie del Castillo del Príncipe.
Conocida la noticia, Cuervo Canga señaló el 12 de octubre de 1955 para la colocación de la primera piedra, ofrecida por Francisco Labadie Otermin, gobernador de Asturias, durante su visita a La Habana. La roca, procedente de las montañas de Covadonga, estaba labrada con los escudos de Cuba, Asturias y Cangas de Onís, y una dedicatoria que rezaba así:
«Esta piedra arrancada del mariano altar de Covadonga, cuna de la Hispanidad, ha sido donada por el Ayuntamiento de la ciudad de Cangas de Onís, como testimonio perenne de espiritual entendimiento entre Cuba y España. Ha sido recubierta con una losa de piedra granítica procedente de la base sobre la que se levanta la Torre de Hércules, el faro más antiguo de la humanidad, siendo por lo tanto piedra relacionada con la fundación de la ciudad de La Coruña».18
El arribo del simbólico regalo el 28 de septiembre y su traslado ese mismo día al Centro Asturiano coincidió con la llegada a los más de 100.000 pesos cubanos, la mitad de lo requerido para que la idea comenzara a tomar forma. Como resultado, los ruegos a los donantes fueron en aumento:

El Comité Monumento a Cuba de los Españoles y sus Hijos interesa de todas las instituciones, clubes y personas que aun tengan bonos de la Fraternidad Hispanocubana, se sirvan liquidar los pendientes a la mayor brevedad posible. Su importe debe entregarse a la persona o entidad que les hizo entrega de los bonos, o enviando su importe directamente a las oficinas del Comité, Muralla 363. Aquellos que aún no han contribuido todavía están a tiempo de hacerlo, remitiendo sus aportaciones al tesorero, señor Juan Gelats Botet, Aguiar 456 […]. Ningún español o hijo de español debe dejar de ofrecer su generoso aporte a esta obra. En algunas poblaciones del interior de la República están actuando comités encargados de ultimar la colecta, a fin de remitir cuanto antes la ayuda económica para el monumento.19
De la llamada se hizo eco también José Ignacio Rivero Hernández, director del Diario de La Marina, para embestir contra los apáticos e indecisos: «Y la penosa verdad es que a estas alturas faltan muchos nombres de españoles y sus descendientes en esa hermosa lista. También es verdad que, desde el Cincuentenario de la República en 1952 a la fecha, han transcurrido tres años, tiempo sobrado para que todos ellos, con unos pesos o unos centavos, cumpliesen el deber de exaltar en piedras y bronces los sentimientos hondamente compartidos de amor y gratitud a Cuba.»20 Cuervo Canga decidió igualmente romper su silencio y arremeter contra los que criticaban la iniciativa:
El español residente en América es un ente creador y por eso Cuba está saturada de monumentos «funcionales» creados por los españoles aquí residentes: casas de salud que rivalizan con las mejores del mundo, escuelas, bibliotecas, asilos para ancianos, salones de recreo, casas de beneficencia, agrupaciones artísticas, asociaciones de socorros mutuos, y muchas más que no necesitamos enumerar. Un nuevo centro funcional solo sería uno más. Y, de qué manera se iban a proveer los recursos para sostenerlos. Es muy fácil hacer sugerencias, no tan fácil realizarlas. […] Por el contrario no hay una forma más expresiva de manifestar nuestro aprecio a Cuba que con un Monumento digno que represente los atributos del amor y la fraternidad que siempre reinó entre ambos pueblos y hasta el presente no se ha hecho nada en este sentido.21
Pero mientras las cosas parecían encaminarse, los debates acerca del posicionamiento de la edificación ralentizaron otra vez el arranque. Si bien Carlos M. Maruri, director de Urbanismo municipal, y Vicente Sallés, jefe de Urbanismo del Ministerio de Obras Públicas, se inclinaban por la prolongación del Malecón junto al castillo de La Chorrera, Sallés alertaba que la construcción dependía de la culminación de las reformas del litoral habanero programadas para el 24 de febrero de 1956. Al final, el sitio fue desestimado y se propuso la Avenida del Puerto, que corrió la misma suerte. Tres fueron las razones expuestas en su contra por personas muy cercanas al Ayuntamiento: 1) La presencia de demasiados monumentos en el área, 2) Lo inapropiado del lugar por la magnitud del que se aspiraba a levantar y el riesgo de opacar los existentes y 3) Motivos históricos que desaconsejaban dicha ubicación. No obstante, ninguno de estos argumentos convenció a Cuervo Canga, quien impugnó cada uno de ellos en una entrevista concedida al Diario de la Marina:
En cuanto a la primera observación, realmente creemos que hay un tanto de espejismo en la cosa, porque el único monumento verdaderamente grandioso que existe en dicha zona es el de Máximo Gómez, pero viene quedando a un extremo y a bastante distancia de nuestro Monumento. En cuanto al de Luz y Caballero, de menores proporciones […] tampoco estorbaría a nuestros planes porque se encuentra justamente en el otro extremo y a buena distancia del nuestro […]. Los demás que figuran en esos parques no tienen realmente categoría de monumento, son pequeños bustos erigidos por la devoción patriótica, pero que armonizarían realmente con nuestro proyecto.22
Sobre los fundamentos históricos añadió: «Ciertamente que no hay ningún motivo de carácter histórico que pueda oponerse a este proyecto puesto que el sitio escogido no ha sido escenario de ningún acontecimiento de Historia Patria, puesto que hasta hace pocos años estaba invadido por las aguas del Puerto, no constituyendo tierra firme, sino formando un pacífico canal o brazo de mar. Y en cambio, en sus cercanías existen construcciones y edificaciones que recuerdan momentos gloriosos de las más sanas tradiciones históricas».
Hastiado de los contratiempos, Cuervo Canga manifestó que sus planes estaban a punto de fracasar y que si en un plazo prudencial no se concretaba el lugar devolvería el dinero recaudado a sus donantes. Más claro: no tenía intención de seguir insistiendo, ya que entendía que el proyecto no debía nacer envuelto por la polémica. La demora que venimos afrontando, puntualizaba, «es verdaderamente deplorable, pero no está en nuestras manos darle la solución».24 Estas declaraciones tuvieron el impacto esperado, pues nada más empezar 1957, Nicolás Arroyo, el nuevo ministro de Obras Públicas, resolvió: «Destinar como lugar de emplazamiento del “Monumento a Cuba de los Españoles y sus Hijos” la rotonda situada en la intersección de la Avenida de los Alcaldes (Paseo) y la Calzada de Zapata, en el barrio del Carmelo, en esta ciudad, en la que actualmente se encuentra emplazado el Monumento a la Cultura Española, de Huntington: y, disponer que este Monumento sea trasladado a la Zona Verde que circunda el Teatro Nacional en la Plaza de la República.»25
En la rueda de prensa celebrada en el Palacio Presidencial, Arroyo informó que el dictamen respondía a los deseos del presidente Fulgencio Batista de que la obra quedara «terminada cuanto antes para satisfacción de todos los españoles y del pueblo de Cuba».26 Con el permiso oficial en sus manos, los planes más inmediatos continuaron dilatándose. La colocación de la primera piedra, fijada para el 20 de mayo de 1957, fue prorrogada y las bases del concurso para la selección del boceto no aparecieron publicadas hasta octubre con la correspondiente invitación a todos los escultores y arquitectos, tanto cubanos como españoles, a presentar sus sketchs, maquetas o dibujos.
Finalmente, el 21 de noviembre de 1958 la «Exposición de proyectos del Monumento a Cuba de los es- pañoles y sus hijos» fue inaugurada en el Palacio de Bellas Artes, bajo los auspicios del Instituto Nacional de Cultura. En total se exhibieron 15 obras: 6 de Cuba y 9 de España.27 El jurado estimó como finalistas los trabajos de Julio Fuentes Pino, Miguel Cosío y Raúl Cancio, Ramón Lapayese, Juan de Ávalos y Moisés de Huerta. Los tres últimos muy vinculados con la estatuaria franquista. Lapayese y Ávalos sobresalían por sus trabajos en el Valle de los Caídos, y Huerta por la erección del monumento al general Emilio Mola (Bilbao), la estatua ecuestre de Franco (Zaragoza) y los frisos del Arco de la Victoria (Madrid). En su haber figuraba también una estrecha relación con Cuba por su filiación a la Academia Nacional de Artes y Letras y por su colaboración en el Monumento a las víctimas del Maine; el diseño del busto de Gerardo Machado, exhibido en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929); y su participación diez años antes en el certamen del monumento a Máximo Gómez, donde obtuvo el segundo premio. Más recientemente, algunos rotativos nacionales se habían hecho eco de su propuesta para homenajear a José Ignacio Rivero Alonso en el Parque del Oeste de la capital española.
Por razones que la prensa no recoge y los documentos de archivo no esclarecen, un incidente periodístico28 condicionó al jurado a declarar desierto el primer premio y recomendar a Ávalos «la adaptación de su proyecto a la realidad ambiental, por ser su boceto el que reúne más condiciones artísticas y simbólicas».29 En la desestimación de los demás borradores influyeron otros factores como:
[…] los proyectistas españoles no tuvieron en cuenta un detalle de suma importancia y es que a unos 350 metros del lugar concedido para nuestra ubicación se está terminando el Faro a Martí de 80 metros de altura y por lo tanto una estructura vertical a tan corta distancia de aquel Faro resulta inadecuada. El proyecto No. 1 de Lapayase pudiera encajar mejor que ninguno; pero el jurado no consideró que ese tipo de proyecto expresaba de una manera convincente el simbolismo que queríamos representar y lo desechó junto con otros más. El de Huerta consistía en otro Faro y por lo tanto no lo tomaron en consideración.30
Los evaluadores acordaron comunicarle a Ávalos la decisión y enviarle una suma de dinero no como premio, sino como estímulo para que viajara a la isla y expusiera sus ideas a un grupo de técnicos que estaban «en la mejor disposición para escuchar y aprobar lo que él resolviera, modificando como es lógico, el aspecto vertical del estudio presentado».31 Las sugerencias debían recogerse en un acta para luego ser divulgadas en los medios. Pero el 15 de diciembre se iniciaron las vacaciones de Navidad y acto seguido, como apuntó Cuervo Canga, «vino la caída del gobierno y con él la remoción de todas las personas que ostentaban la dirección de aquellos institutos, quedando el asunto sin resolver».32 Esperanzado todavía en la materialización de su objetivo, a finales de enero de 1959 escribió a Ramón Bela Armada, funcionario del ICH: «Ahora, en estos momentos, tras un cambio tan radical, aún no han sido designados los señores que dirigirán estos centros culturales, una vez que esto se haya hecho haremos una reunión y no dudamos que aceptarán el acuerdo adoptado el cual habríamos de comunicar inmediatamente al Sr. Ávalos».33 El citado encuentro se celebró al mes siguiente en el Centro Asturiano y el documento pendiente fue redactado con todas las indicaciones.
Hasta febrero de 1959 llega nuestra información.
¿Qué pasó después? Es una interrogante para la cual no tenemos respuesta. Aun así, manejamos como hipótesis la paralización total del proyecto y dos serían sus razones. Primero, la salida del país de la mayoría de los socios del comité gestor después de la huida de Batista. Segundo, el poco interés del bando vencedor en empresas constructivas heredadas del ancien régime. En cualquiera de los casos, no debe perderse de vista que la marcha del monumento tropezó con otros infortunios como las controversias y dilaciones del Ministerio de Obras Públicas, y el empecinamiento de los promotores por erigir algo diferente a los suntuosos palacios, sanatorios, casas de beneficencia y entidades culturales levantadas por las sociedades hispanas. En otras palabras, se aspiraba a marcar un antes y un después con la creación de una obra que transcendiera por su fuerza artística y dimensional. Pero estas pretensiones envolvieron a sus gestores en una labor por momentos agotadora y al final la crisis política ter- minó malogrando el anhelo de ver consolidado un producto como «gratitud de los nacidos en España y avecindados en Cuba, donde fueron fraternalmente recibidos y donde crearon hogar y familia».34
Notas:
- Esta publicación es parte de la ayuda JDC2022-048195-I financiada por MICIU/AEI /10.13039/501100011033 y por la Unión Europea Next Generation EU/PRTR. Además se en- marca dentro de los siguientes proyectos: «Historia de Eu- ropa en el XX: sociedad, política y cultura (2023-2025)» del gobierno de Aragón (H24_23R); «El asociacionismo de la emigración española en América a partir de la década de 1960: los casos de La Habana, Buenos Aires y Caracas» (PID2021- 123160NB-I00), financiado por la AEI del Ministerio de Ciencias e Innovación y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, Una manera de hacer Europa; y «Derechas contemporáneas: dictaduras y democracias» del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Buenos Aires, Argentina.
- El monumento a Cuba en el parque de El Retiro, idea de Miguel Primo de Rivera, se inauguró en octubre de 1952 gracias a las gestiones de Antonio Iraizoz, embajador de Cuba en España, con el Ayuntamiento de Hasta ese momento la Gran Antilla era el único país latinoamericano simbolizado en un complejo arquitectónico de tal magnitud en el citado parque. El dedicado a José Ignacio Rivero Alonso, por su parte, se inauguró en octubre de 1954. Para ampliar información véase a Figueredo Cabrera, Katia: «José Ignacio Rivero Alonso: Anverso y reverso de un polémico periodista», en Miguel Madueño Álvarez, Luis Velasco Martínez y José Manuel Azcona Pastor (coord.): Camisas azules en Hispanoamérica (1936-1978). Organización política y prosopografía del falangismo en Ultramar, Madrid, Editorial Dykinson, S.L., 2021, pp. 11-37; y sobre la relación del Parque del Oeste con América véase a Díaz Alemán, Julián y Ponce Leiva, Pilar: «Personajes americanos en el Parque del Oeste», en Pilar Ponce Leiva (coord.): El rincón más americano de Madrid. Recorrido urbano, Madrid, Proyecto América en Madrid, 2023, pp. 65-89.
- Durante la II Guerra Mundial, José Ramón Cuervo Canga, entonces presidente del Club Rotario de La Habana, impulsó el Aguinaldo del Soldado para ayudar a los combatientes que luchaban al lado de los Con el dinero sobrante, al finalizar la contienda, decidió levantar un sencillo monumento a los marineros cubanos que habían muerto en el hundimiento de los buques Santiago de Cuba y Manzanillo por submarinos alemanes. La obra fue ubica- da frente al Castillo de la Fuerza. Su padre, Eugenio Cuervo Uría, nacido en Asturias, falleció en febrero de 1955 en La Felguera, donde residía.
- «El monumento de españoles a Cuba», Diario de la Marina, La Habana, 10 de agosto de 1953, 4.
- Carta de Juan Pablo de Lojendio al ministro de Asuntos Exteriores (La Habana, 16 de junio de 1955). Archivo General de la Administración (en lo adelante AGA). Fondo Ministerio de Asuntos Exteriores (en adelante MAE), caja 82/11570, expediente 98.
- El «Comité del homenaje de los españoles y sus hijos a la República de Cuba» estuvo integrado por el presidente José Ramón Cuervo Canga; los vicepresidentes Enrique Gancedo Toca, Emilio García Menéndez, Constantino Junco, José Fernández Gutiérrez y José Tous Amil; el tesorero Juan Gelats; el vicetesorero Carlos Ripoll; el asesor legal José Manuel Vidaña; el secretario Garcilaso Rey; el director de Relaciones Públicas José Ignacio Rasco y su auxiliar Miriam Gutiérrez. Además de Eladio Vázquez Ferro, Joaquín de la Cruz, José Guasch y Gregorio Alonso, entre
- Camiroaga, Daniel: «Homenaje de los españoles a la República de Cuba; se proyecta un gran monumento», Dia- rio de la Marina, La Habana, 28 de marzo de 1954, 50.
- Santos, Roberto: «Un Imperio que no puede desaparecer», Diario de la Marina, La Habana, 4 de abril de 1954, 47. 9 Suárez Solís, Rafael: «El monumento a España», Diario de la Marina, La Habana, 30 de julio de 1954, no. 179, p. 1-B. 10 Urrutia, Gustavo E.: «Del homenaje español a la República», Diario de la Marina, La Habana, 1 de abril de 1954,
- 4-A.
11 El escritor y crítico teatral Mario Parajón fue congratulado con un accésit por su trabajo «Reunión de familia», publicado en El Mundo. En 1956 se organizó también el certamen Pro-Reina de la Fraternidad Hispano-cubana para elegir a la Miss Monumento y a cuatro damas de compañía encargadas de presidir los actos públicos del comité gestor. 12 El elenco artístico estuvo integrado por Rosita Fornés, Armando Bianchi, María de los Ángeles Santana y otros. El espectáculo recaudó 5.000 pesos.
- A mediados de 1955, Elicio Argüelles, presidente del frontón Jai Alai, ofreció también una función extraordinaria en beneficio del «Comité Monumento a Cuba de los españoles y sus hijos».
- Cuervo, José Ramón: «¿Cuál es el significado del monumento de los españoles a Cuba?», Diario de la Marina, La Habana, 11 de diciembre de 1955, 1-D.
- «Elogio al Comité Monumento de los Españoles y sus Hijos de Cuba», Diario de la Marina, La Habana, 12 de enero de 1955, 1-B.
- Alfonso Roselló, Arturo: «El monumento de los españoles a Cuba», Diario de la Marina, La Habana, 4 de febrero de 1955, p. 4-A. Como una de las causas de la apatía, Alfonso Roselló apuntó al proceso de desespañolización progresiva que desde hacía más de 20 años vivía la isla debido a la paralización de la inmigración proveniente de España. Para ampliar información véase Alfonso Roselló, Arturo: «El monumento de los españoles a la República», Carteles, La Habana, enero 30 de 1955, no. 5, p. 32. Sobre el fenómeno había advertido también años antes Roberto Santos en su artículo «La desespañolización en Cuba», Diario de la Marina, La Habana, 12 de septiembre de 1948, 38.
- García Pons, César: «El monumento de los españoles y el empeño del Testé», Diario de la Marina, La Habana, 15 de marzo de 1955, p. 4-A. En 1957, la Ciudad de los Niños fue inaugurada en Bejucal. La obra estaba compuesta por cinco edificios dedicados a talleres, dormitorios y oficinas, y tenía una capacidad para 500 menores.
- «El monumento a Cuba de los españoles y sus hijos», Información Hispanocubana, La Habana, octubre 1955, 152, p. 4.
- «Todavía puede contribuirse al Monumento», Diario de la Marina, La Habana, 11 de octubre de 1955, p. 10-B. En una de las reuniones celebradas por el comité a inicios de año, Cuervo Canga se refirió a la indiferencia de las sociedades gallegas por el proyecto. Hasta ese momento, sus aportaciones no llegaban a los mil pesos cubanos. Carta de José Ramón Cuervo Canga a Narciso María Rodríguez (La Habana, 17 de febrero de 1955). AGA. Fondo Embajada de España en La Habana, caja 54/5378. II B/b-1. Monumento de los españoles y sus hijos a la República de
- «El monumento de los españoles a Cuba y la lista de honor», Diario de la Marina, La Habana, 23 de noviembre de 1955, 4-A.
- «Carta a nuestro director del Comité del Monumento a Cuba», Diario de la Marina, La Habana, 25 de noviembre de 1955, 3-A.
- «Dispuestos los españoles a devolver los $100,000 re- caudados al monumento de Cuba», Diario de la Marina, La Habana, 16 de septiembre de 1956, C-16.
- «Emplazarán en Zapata y Paseo el Monumento a Cuba de los Españoles y sus Hijos», Información Hispanocubana, La Habana, febrero, 1957, 68, p. 2.
- «Estará próximo al Teatro Nacional el Monumento a Cuba», Diario de la Marina, La Habana, 10 de enero de 1957, 1.
- Expositores cubanos: Mario Perdigó Casterán, Julio Fuentes Pino, Miguel Cosío-Raúl Cancio, Thelvia Marín, Rolando López Dirube junto a David Cabarrocas y Alfredo Echevarría, e Israel G. Córdoba Berroa. Expositores españoles: José Luis Núñez Solé, Valentín Ramón Lavín del Noval, Marino B. Amaya, Juan de Ávalos, Carlos Ferreira de la Torre, Ramón Lapayese, Moisés de Huerta y Ramón Estalella Pujolá en unión de Federico Coullaut
- Carta de José Ramón Cuervo Canga a Juan Pablo de Lojendio (La Habana, 23 de diciembre de 1958). AGA. Fondo Embajada de España en La Habana, caja 54/5378. II B/b-1. II B/b-1. Monumento de los españoles y sus hijos a la República de
- Carta de José Ramón Cuervo Canga a Ramón Bela Armada (La Habana, 22 de enero de 1959). Fondo Embajada de España en La Habana, caja 54/5378. II B/b-1. II B/b-1. Monumento de los españoles y sus hijos a la Re- pública de Cuba. El nombre de Ávalos se manejó desde un primer momento. El 11 de septiembre de 1955, el Diario de la Marina publicó su maqueta y en 1956 el comité gestor nom- bró a José Ignacio Rasco, director de Relaciones Públicas, como delegado de la Comisión Pro-Monumento en España para que se entrevistase con Alfredo Sánchez Bella y con el propio Ávalos.
- Carta de José Ramón Cuervo Canga a Ramón Bela Armada (La Habana, 22 de enero de 1959). AGA. Fondo Em- bajada de España en La Habana, caja 54/5378. II B/b-1. II B/b-1. Monumento de los españoles y sus hijos a la República de Para ampliar información sobre los proyectos de Lapayese y Huerta véase de Jaume, Adela: «La entrevista aérea con Ramón Lapayese, concursante del Monumento de los Españoles a Cuba», Diario de la Marina, La Habana, 27 de diciembre de 1958, s/p (Suplemento 10 del rotograbado) y «Entrevista “aérea”: en charla con el escultor Huerta. Notas», Diario de la Marina, La Habana, 11 de diciembre de 1958, p. 12-A.
- Carta de José Ramón Cuervo Canga a Ramón Bela Armada (La Habana, 22 de enero de 1959). Fondo Embajada de España en La Habana, caja 54/5378. II B/b-1. II B/b-1. Monumento de los españoles y sus hijos a la Repú- blica de Cuba.
- «El monumento a Cuba», Diario de la Marina, La Ha- bana, 8 de agosto de 1954, 20-A.

