Gerardo Castellanos García en el imaginario sociocultural de la República

Por: Irina Pacheco Valera

Gerardo Castellanos García (1879-1956).
Gerardo Castellanos García (1879-1956).

 

Gerardo Castellanos García, por su labor histórica y su actuación ciudadana durante la República, podría haber merecido del Apóstol no menos alta consideración que su padre, pues sirvió a nuestro país de manera tan noble, desinteresada e inteligente como aquel y se constituyó en el cronista de un solo personaje: Cuba.

» La familia de Gerardo Castellanos Lleonart en la mirada martiana

Los estudios de familia constituyen una agenda temática primordial para analizar las prácticas culturales concretas de los diversos actores sociales en su diálogo entre lo privado y lo público. En ese escenario, la mirada martiana acerca de las familias cubanas en el imaginario social del siglo xix es uno de los espacios poco sistematizados por los acercamientos histórico-sociales.1 Al brindar el Maestro, tanto en las publicaciones periódicas de su tiempo como en su epistolario, un universo amplio de análisis en cuanto a la red familiar que interactuó con él, se seleccionó de este apartado la familia de Gerardo Castellanos Lleonart, que constituye un ejemplo de esa «utilidad de la virtud», que tanto solicitó el Apóstol para Cuba.2

Para los investigadores de temas históricos no constituye un secreto que Gerardo Castellanos Lleonart mereció que José Martí, al confiarle la trascendente y delicadísima misión de pulsar en Cuba el sentimiento y pensamiento de los patriotas, en particular, y del pueblo, en general, con vistas a la revolución libertaria de 1895, ya preparada y próxima a estallar, le dijera:

Pocos hombres, amigo Gerardo, pudiesen llevar a cabo con éxito la misión que le he echado encima, porque pocos han aprendido la necesidad de dirigir el valor, y de unir al entusiasmo por las ideas nobles el conocimiento menudo e implacable de la naturaleza humana. Vd. lo junta todo, y yo anhelo para mí el tacto y el juicio con que sé que reunirá Vd. a todos los elementos útiles de esas Villas decididas y bravas. Lo ofendo con más discursos. Véame consumido del ansia, y tráigame noticias que me pongan contento. Yo, en su ausencia, procuraré ser digno de mi comisionado.3

La familia de Gerardo Castellanos Lleonart y la resonancia de este prócer de la independencia cubana, así como la obra de su hijo Gerardo Castellanos García, son una de las deudas históricas que posee nuestra historiografía, pues han quedado invisibilizados los aportes de estos dos grandes del pensamiento cultural cubano.

Tampoco se han sistematizado los vínculos con José Martí a través del ámbito familiar. Considero que aún, en este siglo, están vigentes las solicitudes de justicia histórica que Esperanza Castellanos, hija de Gerardo Castellanos García, le hacía a su padre, al solicitar:

[…] Mi pequeña hija Esperanza me dijo: Como he estado oyendo decir que mi abuelo [Gerardo Castellanos Lleonart] fue un íntegro y excelso patriota, y que entre los servicios prestados a Cuba sobresalen comisiones revolucionarias realizadas por orden de Martí; y ni en mis manuales de texto, ni en las lecciones que me ofrecen en la escuela se menciona su nombre ni los hechos, que son historia cubana, deseo que me ilustres sobre el asunto […].4

Esa imagen familiar y su legado, constituyeron un paradigma que el Maestro develó para los cubanos de aquel tiempo y con vigencia para los de hoy. En la confiabilidad con que el Apóstol se dirigió a Gerardo Castellanos Lleonart se traducen los estrechos vínculos que existían no solo en las áreas de trabajo de los clubes patrióticos de la emigración cubana en Estados Unidos, sino además por los intercambios directos que sostuvo Martí con esta familia. Todos los códigos de representatividad y percepción de lealtad, honestidad y grandeza, los concibió nuestro Héroe Nacional hacia la familia de Gerardo Castellanos Lleonart, lo que legitima una visión del héroe desde la configuración ética del hombre y con el amor como fuerza transformadora. Y es esa eticidad expresada en la «utilidad de la virtud» lo que revela el Apóstol como categoría clave en Gerardo Castellanos, condición humana destacada como veneración en Martí, y que acometió Castellanos con la familia en que se formó y que consolidó con los frutos que tuvo en sus hijos y nietos.

» Gerardo Castellanos Lleonart

Nació en La Esperanza, Las Villas, el 20 de mayo de 1841. Se lanzó a la Guerra de los Diez Años desde el cafetal González, el 7 de febrero de 1869 y operó en Camagüey y Oriente. Fue ayudante de los generales Francisco Villamil, Salomé Hernández y Carlos Roloff, y ascendió a comandante. En Yara conoció a Fernando Figueredo. Hecho prisionero en Camagüey, salvó la vida gracias a las influencias de sus familiares españoles.

Pudo escapar a Nueva York y en los Estados Unidos aprendió el oficio de tabaquero, fue comerciante de bebidas y después emprendió el negocio de fabricante de tabaco. Residió también en Filadelfia y en varias ciudades de la Florida, entre ellas Gainesville, Ocala, Tampa, West Tampa y Cayo Hueso. En sus valoraciones sobre la Guerra Grande y sus condicionantes le escribió desde Nueva York una carta muy simbólica al general Julio Sanguily, en la cual le expresó:

La emigración cubana que se compone en su mayor parte de artesanos, estaba ansiosa de estrechar la mano a U., anhelando la llegada de los vapores y para tener el gusto de admirarle, como a una de las figuras más interesantes de nuestra revolución. Pues bien General, este simple relato revelará a U. la simpatía que tan justamente nos inspira y el deseo unánime de que al arribar a estas playas encontrase, no solo la acogida benévola a que es acreedor bajo todos los conceptos, sino el mejor éxito en la patriótica Comisión que venía a desempeñar. Pero, desgraciadamente en los momentos en que se esperaba a U. con la mayor impaciencia, ocurrió la casi paralización del trabajo, y esta infausta nueva, hace que atraviese el Cayo por una crisis lamentable —¿Y podrían los artesanos a su llegada mostrar con prodigalidad su deseo de ocurrir al llamamiento de la Patria, cuando existe un crecido número que al faltarle el trabajo como único patrimonio que poseen, carecen hasta de lo más indispensable para sobrevivir a sus más perentorias necesidades?— Claro es que no, y estos son en resumen los motivos que impulsaron la remisión del telegrama para que Ud. se sirviese transferir su viaje hasta nuevo aviso.5

andanzas y atisbos
andanzas y atisbos

Castellanos Lleonart finalmente prefirió a Cayo Hueso como refugio definitivo y allí se casó. Su familia fue un modelo de redes sociales establecidas a través de las migraciones que se establecieron en el espacio vivencial que representó Cayo Hueso para los patriotas emigrados cubanos.

José Martí en su obra destacó las claves de la mismidad e identidad cultural del Cayo Hueso de su tiempo, que incidió con creces en la consolidación de la vida familiar de Gerardo Castellanos, en relación a lo cual apuntó el Apóstol: «Viven en el Cayo, ya como en casa propia, los hombres de más diversos orígenes sociales, y a todos los hermana el orgullo justo del trabajo común, el recuerdo de la gloria creadora, la esperanza de la que acabará de crear».6

Para 1889 el comandante emigrado Gerardo Castellanos, como lo han afirmado Fernando Figueredo, Luis Logomasino y todos los que integraron la institución, indicó la necesidad de fundar el organismo que se denominó Convención Cubana. En carta del día 9 de agosto de 1892, José Martí le confirma a José Dolores Poyo que va para Cuba su comisionado (Gerardo Castellanos) con instrucciones precisas para La Habana, Matanzas, Las Villas, Santa Clara, Cienfuegos, Trinidad, Camagüey y Oriente, y que debía empezar por Holguín, pues según declaraba Martí, ni en Santiago de Cuba ni en Baracoa existían conexiones con Holguín. El comisionado las establecería.7

El 9 de octubre de 1892, el comisionado llegó a Nueva York para dar cuenta al delegado acerca de su misión. Se reunió con la Convención en Cayo Hueso, en la casa de Fernando Figueredo y además se produjo un encuentro en la casa del propio Castellanos, del cual su hijo recordó después en sus memorias: «Aún recuerdo que debidamente facultada por Martí, se reunió la Convención en mi casa, y ante ellos dio cuenta el Comandante Castellanos de su excursión a través de Cuba. ¡Qué escena tan grandiosa! ¡Cuánta cabeza cubierta de cana, cuánto hombre serio, de negocios y aun humildes trabajadores estuvieron pendientes de los labios del Comisionado […]».8

Carmen García, esposa de Gerardo Castellanos Lleonart, no supo del nombramiento de Castellanos, quien sigilosamente, aunque no tanto que su esposa no lo advirtiera, empezó a sacar algunas prendas de vestir que ocultaba en la fábrica de tabaco. Cuenta Gerardo Castellanos García que su madre era una mujer apasionada de la música, y le inculcó a él la afición por esta disciplina artística.9

» Gerardo Castellanos García. Hijo de Gerardo Castellanos Lleonart y Carmen García

Nació el 21 de octubre de 1879, durante el periodo de las conspiraciones preparatorias para la emancipación de Cuba, en Cayo Hueso, centro revolucionario que las emigraciones cubanas ayudaron a convertir en factoría tabacalera. Casi niño, a la edad de 14 años, comenzó a laborar con su padre en la tabaquería y aprendió varios oficios: torcer tabaco, envasar, filetear, entre otros. Estudió los instrumentos violín y piano. José Martí le obsequió un violín.

Sintió el influjo de la palabra del Apóstol en los mítines celebrados en el San Carlos, en los talleres en que era ovacionado por los obreros y sobre todo en su ambiente familiar. Desde una ventana del Club San Carlos, Gerardo Castellanos hijo asistió a la trascendental reunión del 5 de enero de 1892, donde nació el Partido Revolucionario Cubano.10 José Martí le aconsejaba entonces: «Lee lo mucho y lo bueno que se escribe acerca de Cuba, estudia cosas que te ennoblezcan».11

Su casa fue visitada por el Apóstol y las más distinguidas figuras de la revolución cubana, como Carlos Roloff, Francisco Gómez Toro y Serafín Sánchez, a quien aprendió a admirar tanto que en 1926 le dedicó como homenaje su libro Un paladín, compuesto en su mayor parte por la correspondencia de Serafín Sánchez con su padre, Castellanos Lleonart.

Fue en los libros de José Martí y en el recuerdo de su infancia donde estuvo el punto de partida de toda la obra de Castellanos García, que giró siempre en torno a la historia de Cuba. El impacto de la pérdida del Apóstol de la independencia lo llevó, ya en los tiempos de la República, a dictar la conferencia «Muerte y exequias de Martí», el 27 de enero de 1937, en el Palacio Municipal.12 Además, escribió el texto Los últimos días de Martí.13

» Gerardo Castellanos García: su labor de justicia histórica en la República

Gerardo Castellanos García arribó a La Habana a finales de 1899 con su familia. En 1907 contrajo matrimonio con María Castilla, nacida en Guanabacoa, y de esa unión nacieron Gerardo Carlos (dentista), Rustín (farmacéutico), María Antonia y Esperanza.

En 1900 comenzó a trabajar en la Tesorería General de la República y en la Secretaría de Hacienda, donde años después se jubiló. Laboró también en la Casa de Comercio Catalana, situada en Mercaderes y Teniente Rey. Dominaba el inglés, el francés, la taquigrafía, la mecanografía y la contabilidad. En La Audiencia de La Habana se desempeñó como el secretario particular del presidente de aquel tribunal, el doctor Carlos E. Ortiz y Coffigny. Y de allí acudió a una convocatoria del Tesorero General, Carlos Roloff, para cubrir en dicha oficina dos plazas. En las oposiciones obtuvo una de cien pesos mensuales sin apelar a la influencia que tenía de su padre por haber sido ayudante de campo de Roloff en la Guerra de los Diez Años.

El 31 de diciembre de 1911 solicitó su ingreso a la Asociación Nacional de Emigrados Revolucionarios Cubanos. En la Comisión de Expedientes Personales de La Habana descansa su solicitud de ingreso y las respuestas de la directiva de la Asociación. En lo referente, declaró: «El que suscribe, conforme con las bases de esa Institución, pide se le inscriba con Gerardo Castellanos García vecino de La Habana, calle Concordia núm.242. Nació en Cayo Hueso, el año 1881 y estuvo emigrado en Cayo Hueso, Tampa, Ocala hasta 1899. Y regresó a Cuba para incorporarse al Ejército Libertador (1899). [Y firmó que] aunque era niño, semanalmente contribuí con dinero para el Tesoro del P.R.C».14

Por su parte, Francisco Calderón y Rodríguez, secretario de la Comisión de Expedientes personales de la Asociación Nacional de los Emigrados Revolucionarios Cubanos, certificó que en la sesión celebrada por la citada Comisión el día 2 de mayo de 1914, a las 8 de la noche, en el local de la Asociación, y hecho el estudio que proviene el artículo 2 inciso (a) del Reglamento Interior que rige la misma, del expediente número 148 correspondiente a la solicitud de ingreso del hijo de Gerardo Castellanos Lleonart, emigrado de Key West, Tampa y Ocala. En la referida declaratoria se acordó, por unanimidad, que Gerardo Castellanos García dado los antecedentes favorables que constan del candidato y se recomendó, según señala el artículo 12, su admisión como miembro de la Asociación.15

En 1913 fijó su residencia en Guanabacoa, donde ocupó la presidencia del Liceo de la villa y se inició como masón, orden en la que alcanzó el grado 18. El Ayuntamiento, durante la alcaldía de Joaquín Massip, le honró con el título de Hijo Adoptivo de Guanabacoa, reconocimiento que también le otorgó la ciudad de Trinidad. Sobre estos reconocimientos aclaró Gerardo Castellanos: «Soy, pues, hijo circunstancial del revolucionario Cayo Hueso, que ocupa gran capítulo en nuestra historia cubana, y legítimo cubano por alma y por la soberana voluntad de Guanabacoa y Trinidad».16

El presidente de la Asociación de Emigrados Revolucionarios Cubanos, en respuesta a sus solicitudes, le comunicó:

El Honorable Sr. Presidente de la República, accediendo a lo solicitado por Vd. en instancia de fecha 11 de mayo del año pasado y de acuerdo con su Decreto núm. 918, fecha 10 de octubre de 1913, se ha servido a autorizar al Sr. Gerardo Castellanos García para que use la «Medalla de la Emigración». Lo que con remisión del Diploma respectivo tengo el honor recomunicarlo a Vd. para su notificación al interesado; sirviéndose acusar recibo.17

Gerardo Castellanos García era un consagrado del mundo de las letras y con el seudónimo Gerardo Casiol publicó en los periódicos habaneros El Triunfo, La Discusión y en publicaciones de provincia como El Estudiante y El Imparcial, ambas de Matanzas; Diario de Cuba, de Santiago de Cuba. Además colaboró en la revista Bohemia, de La Habana, donde dió a conocer numerosas narraciones históricas. A solicitud de Néstor Carbonell, Gerardo Castellanos fue redactor de La Prensa, donde publicó crónicas diarias relacionadas con los Estados Unidos. Una selección de estas formó parte de su libro Por Yaquilandia. Obtuvo medallas y diplomas en las Exposiciones Internacionales de Philadelphia y de Sevilla, por sus libros, así como del Liceo de Guanabacoa en un certamen literario. De igual forma recibió el primer premio en el Concurso Nacional convocado por la Secretaría de Educación, en 1936, con una cronología cubana desde el Descubrimiento hasta el año 1934, titulada Panorama Histórico. Ensayo de cronología.

La vasta obra de Gerardo Castellanos García incluye, por citar algunos ejemplos: Relieves (1910), Adolfo del Castillo. En la paz y en la guerra (1922), Destellos históricos. Episodios y biografías (1923), Juan Bruno Zayas, médico y soldado (1924), Huellas del pasado. Viajes por Cuba (1925), En busca de San Lorenzo. Muerte de Carlos Manuel de Céspedes (1930), Motivos de Cayo Hueso (Contribución a la historia de las emigraciones revolucionarias cubanas, en los Estados Unidos) (1935), Los últimos días de Martí (1937), Trinidad. La secular y revolucionaria (1942) y Relicario histórico: frutos coloniales y de la Vieja Guanabacoa (1948).

Al acercarse la fecha del 21 de octubre de 1949 en que cumplía 70 años de edad, la Sociedad de Estudios Históricos e Internacionales, en la que figuraba como Socio Titular y Fundador, y también como Socio de Honor por haber presidido el Tercer Congreso de Historia, acordó por iniciativa de Emilio Roig de Leuchsenring rendirle un homenaje de fraternal cariño y admiración por su obra de investigación, divulgación y crítica histórica cubana, especialmente sobre nuestras luchas por la independencia. Ese día le fue entregado, en su residencia de Guanabacoa, por un grupo de compañeros y amigos, un pergamino con el siguiente texto: «Patriota sin tacha y sin miedo, por herencia y condición personal, símbolo acucioso y veraz, mambí de pluma como justo exaltador de nuestra epopeya de verdadera cubanía, ciudadano ejemplar, historiador fecundo, libertador, y amigo excelente del saber, hará honor a ese título con entera nobleza y lealtad».18

Firmaron el pergamino dedicado a Don Gerardo las siguientes personalidades, entre otras: Emilio Roig de Leuchsenring, Mario Guiral Moreno, José Luciano Franco, Herminio Portell Vilá, Enrique Gay-Calbó, Ángel I. Augier, Gonzalo de Quesada, Carlos Rafael Rodríguez, Fernando G. Campoamor, Manuel Isidro Méndez, León Primelles, Ramiro Guerra, Julio Le Riverend, Joaquín Llaverías.

Por encontrarse Emilio Roig de Leuchsenring en la República Argentina como representante de la ciudad de La Habana ante el Congreso Histórico Municipal Interamericano allí celebrado, tuvo a su cargo la entrega del referido pergamino el ingeniero Mario Guiral Moreno, vicepresidente de la Sociedad de Estudios Históricos e Internacionales, quien pronunció las siguientes palabras:

Igualmente es sensible que, en virtud de una sustitución reglamentaria por la cual ocupo interinamente la presidencia de la Sociedad, haya de ser yo quien tenga que interpretar este sentimiento con mi palabra siempre torpe, pero que ha de serlo todavía más en esta ocasión, porque es bien sabido que la habilidad en la expresión oral está en razón inversa con el estado emocional de la persona que habla, y yo me encuentro en estos instantes realmente emocionado hasta el punto de tener que recordar, a pesar de lo lejano de la remembranza, una cuarteta que leí hace años, al final de una carta cuya autoría —una cubana preocupada y temerosa por la suerte que pudiera tocar a su único hijo, entonces combatiente en la Guerra de 1895— declaraba que «tenía el pensamiento loco, pues dice un poeta muy ducho, que cuando se siente mucho se sabe expresar muy poco[…]»19

La Asociación Nacional de Emigrados Revolucionarios Cubanos de la Independencia le notificó entonces a Gerardo Castellanos García que había sido nombrado Miembro de Honor, para lo cual le expresaron, con las firmas de José L. García Baylleres (Presidente) y el capitán Benito Riera (Secretario de Correspondencia):

Tenemos el honor de informarle que en la Asamblea General de Elecciones celebrada por esta Asociación con fecha primero de enero del corriente año, resultó usted electo como Miembro de Honor de esta Patriótica Asociación, teniendo en cuenta su acendrado Patriotismo.
Y al rogarle que nos honre con su asistencia para la toma de posesión que tendrá lugar el día 28 del que curso a las dos y treinta pasado meridiano, en el Teatro Auditórium, sito en Calzada y D en el Vedado, nos reiteramos de usted atentos y S.S.20

El 22 de agosto de 1956 la nación cubana perdió a uno de sus hijos más dignos, Gerardo Castellanos García, uno de los historiadores más fecundos y uno de los investigadores más certeros. Autor de valiosas obras pertenecientes a la bibliografía mambisa y la literatura cubana. En sus libros puede encontrarse una gran parte de la labor realizada para la emancipación de Cuba. Al duelo por su muerte se sumó su amada Guanabacoa y el Liceo, la Academia de la Historia de Cuba, numerosas corporaciones geográficas e históricas nacionales y extranjeras, así como la Asociación de Emigrados Revolucionarios.21 Numerosas publicaciones periódicas reseñaron el fallecimiento del gran historiador. La Academia de la Historia de Cuba declaró sobre quien fuese uno de sus miembros más sobresalientes:

Liquidada la guerra con España, la familia regresó a la Patria y el joven Gerardo se entregó con entusiasmo y amor ejemplarizantes, a la gran tarea de escribir, pensando siempre en cubano, la historia dolorosa, pero a la par gloriosa, de las luchas por la emancipación. Se ha dicho justamente que don Gerardo representa como historiador, la más alta expresión del culto a los héroes libertadores.
[…] la Asociación de Emigrados Revolucionarios, cuyo panteón acogerá sus restos mortales a las cuatro de la tarde de hoy, y como toda Cuba, agradecida al que supo honrarla en la guerra y en la paz, con su conducta y con su obra.22

 

 

Notas:
1. Una de las propuestas pioneras en esta temática la brinda el investigador cubano Luis Álvarez Álvarez: «Una familia vista por Martí», en la que recrea una visión de la familia de Ignacio Agramonte y Loynaz. Véase citado en el libro Arte, cultura y familia en Cuba, Ediciones Ávila, Ciego de Ávila, 2009.
2. Una primera aproximación al tema la autora de este artículo lo publicó con el título: «La familia de Gerardo Castellanos Lleonart en la mirada martiana», en El Historiador, Boletín UNHIC, No. 12, La Habana, 2019. También la autora presentó una versión en el XXV Congreso Nacional de Historia, realizado en la provincia Las Villas del 4 al 7 de diciembre de 2023.
3. José Martí: «A Gerardo Castellanos», 9 de agosto de 1892, en Obras completas, t. 2, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 88-89. Además, en José Martí: Epistolario, t. III, 1892-1893 (comp., ordenación cronológica y nota de Luis García Pascual y Enrique H. Moreno Pla), Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1993, p. 178. También en Gerardo Castellanos García: Misión a Cuba. Cayo Hueso y Martí, Imprenta y Papelería Alfa, La Habana, 1944, p. 154.
4. Gerardo Castellanos García: ob. cit., p. 5.
5 «Ciudadano Gral. Julio Sanguily, New York, Key West, mayo 12 de 1877». Carta dirigida al general Julio Sanguily firmada por Gerardo Castellanos Lleonart. Véase en Archivo Nacional de Cuba. Fondo Donativos y Remisiones. Caja: 153 y Legajo: 24-6.
6. José Martí: «Del Cayo ejemplar», publicado en Patria, Nueva York, 30 de abril de 1892, en Obras completas, t. 1, ob. cit., pp. 426-427.
7. José Martí: «Carta a José Dolores Poyo», Nueva York, 9 de agosto de 1892, en Obras completas, t. 2, ob. cit., p. 103. Además, José Marti: Epistolario, t. III, 1892-1893, ob. cit., p. 179.
8. Gerardo Castellanos García: ob. cit., p. 215.
9. Véase Gilberto González Contreras: Don Gerardo Castellanos. Contribución a una tipología del espíritu cubano, La Habana, 1935, p. 19.
10. Gerardo Castellanos García: Martí, conspirador y revolucionario, Imprenta Ucar, García y Cía., La Habana, 1942, pp. 146-147.
11. Véase Gilberto González Contreras: ob. cit., p. 28.
12. Gerardo Castellanos García: «Muerte y exequias de Martí», conferencia leída el 27 de enero de 1937, en el Palacio Municipal, correspondiente a la serie sobre habaneros ilustres, y publicada en el no. 11 de los Cuadernos de Historia Habanera, Imprenta Molina y Cía., La Habana, 1937, pp. 55-57.
13. Gerardo Castellanos García: Los últimos días de Martí, Ucar, García y Cía., La Habana, 1942, p.13.
14. Véase «Expediente Personal del asociado Gerardo Castellanos García». Iniciado el 31 de diciembre de 1911. Asociación Nacional de Emigrados Revolucionarios Cubanos. En Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones. Caja o Legajo: 597. No. de Orden: 97.
15. Ídem.
16. Emilio Roig de Leuchsenring: Gerardo Castellanos, patriota e historiador, símbolo de cubanía, Sociedad de Estudios Históricos e Internacionales, La Habana, 1956, p. 11.
17. Ibídem, nota 16.
18. Emilio Roig de Leuchsenring: ob. cit., p. 77.
19. Emilio Roig de Leuchsenring: ob. cit., p. 78.
20. Véase «Expediente Personal del asociado Gerardo Castellanos García». En Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones. Caja o Legajo: 597. No. de Orden: 97.
21. El cadáver de Don Gerardo, se colocó en el panteón de los Emigrados Revolucionarios Cubanos en el Cementerio de Colón, en La Habana.
22. Véase «Expediente Personal del asociado Gerardo Castellanos García», en Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones. Caja o Legajo: 597. No. de Orden: 97.