Karel Čapek y su novela El bólido: un acercamiento a la realidad cubana del primer tercio del siglo XX

Por: Sergio O. Valdés Bernal

Karel Čapek y su novela El bólido
Karel Čapek y su novela El bólido

El escritor checo Karel Čapek nació el 9 de enero de 1890 en el poblado de Malé Svatoňovice, Bohemia nororiental. Cursó estudios de secundaria en la ciudad de Hradec Králové, de donde se vio obligado a trasladarse hacia la ciudad de Brno por formar parte de una sociedad secreta estudiantil prohibida por las autoridades austro-húngaras interesadas en reprimir cualquier manifestación independentista. En Praga, Čapek concluyó el bachillerato y realizó estudios de filosofía en la Universidad Carolina, donde se doctoró en 1915. Después del surgimiento de la República Checoslovaca en 1918 como uno de los estados emergentes del colapsado Imperio Austrohúngaro, cursó otras materias en la Universidad Humboldt de Berlín y en La Sorbona.

Sus primeros pasos en la literatura los dio como coautor con su hermano Josef (1887-1945). De esta etapa proceden las novelas Profundidades resplandecientes (Zářivé hlubiny, 1916), El jardín de Krakonoš (Krakonošová záhrada, 1918) y las obras teatrales De la vida de los insectos (Ze života hmyzů, 1921) y Adán creador (Adam Stvořitel, 1927). Posteriormente, comenzó a producir sus propias novelas, cuentos y obras de teatro. De sus obras teatrales, una de las que obtuvo mayor reconocimiento fue R.U.R., sigla de Robots Universal Rossum, estrenada con gran éxito en Praga en 1920, y en Londres y Nueva York dos años después. Esta obra teatral de ciencia ficción trata sobre una empresa que construye humanos artificiales orgánicos con la finalidad de aligerar la carga de trabajo de las personas. Pero estas máquinas llegan a poder pensar y entran en conflictos con la sociedad que las creó, iniciando así una revolución que acabaría destruyendo a la humanidad. Para esta obra utilizó la palabra robot a partir del vocablo checo robota («trabajo»), voz que posteriormente se internacionalizaría. No menos interesantes son los reportajes concebidos a partir de sus viajes por Europa, plenos de humor y de agudo señalamientos, como Cuartillas italianas (Italské listy, 1923), Cuartillas inglesas (Anglické listy, 1924), Viaje hacia el norte (Cesta na sever, 1926), Estampas de Holanda (Obrazky z Holandska, 1932) y Excursión a España (Výlet do Španĕl, 1939). Čapek también abordó temas cotidia- nos, como en Las cosas que nos rodean (Vĕci kolem nas, 1925), Tuve un perro y una gata (Mĕl jsem psa a kočku, 1933) y un interesante libro dedicado a la jardinería y la botánica: El año del jardinero (Zahradníkův rok, 1929). Por otra parte, se destacó por su labor como redactor de los periódicos Lidove noviny (desde 1917 hasta 1921) y Národní listy (desde 1921 hasta su fallecimiento). Además, de 1921 a 1923 fungió como dramaturgo y director del famoso teatro praguense de Vinohrady.

La obra en prosa de Karel Čapek abarcó todos los géneros y representó la modernización y renovación de la lengua checa. Incluso incursionó con éxito y de forma innovadora en la difícil literatura para niños, al remozar el contenido de los cuentos infantiles. También escribió folletines, reportajes, retratos literarios y ensayos teórico-críticos, además de desarrollar una brillante labor como periodista. Realizó un trabajo transformador con sus ensayos sobre las manifestaciones periféricas del arte y sobre el folclor urbano, a la vez que dominó y teorizó sobre la técnica del lenguaje periodístico y teatral, así como sobre el lenguaje poéico, como lo demostró con su Crítica de las palabras (Kritika slov, 1920), estudio en el que describe el aprovechamiento de los diversos niveles de expresión que ofrece la riqueza léxica de la lengua checa, sin pasar por alto los diversos registros del habla popular. De este período también procede su ensayo Poesía francesa de la nueva época (Franzouská poezie nové doby, 1920). La obra de Karel Čapek estuvo consagrada a resaltar los valores del ser humano en su conflicto con los problemas más álgidos de la época que le tocó vivir: el poder destructor de la nueva tecnología, la deshumanización en la sociedad moderna, el advenimiento del fascismo en Italia y del nacionalsocialismo en Alemania, entre otros, como se refleja en la novela La guerra contra las salamandras (Válka s mloky, 1936) y en la obra teatral La enfermedad blanca (Bílá nemoc, 1937).

A partir de la segunda década del siglo XX, Čapek pasó de crítico de las fuerzas políticas que dieron ori- gen a la Primera Guerra Mundial a leal defensor del gobierno que regía la recién constituida República de Checoslovaquia. Pero en la década del 30 transitó des- de una posición liberal centrista hacia una posición combativa contra el nacionalsocialismo y próxima a la corriente liberal de izquierda.

El 30 de septiembre de 1938, con la intención de solucionar la crisis surgida en la región de los Sude- tes, otrora parte del Imperio Austrohúngaro habitado por una minoría étnica germana y en esos momentos perteneciente a Checoslovaquia, los jefes de gobierno del Reino Unido, Francia, Italia y Alemania firmaron los acuerdos de Múnich, según los cuales esta región pasó a formar parte de la Alemania nazi a partir de octubre de 1938. Esto constituyó un terrible golpe para Čapek, al igual que para la inmensa mayoría del pueblo checo. A ello se sumó el constante ataque de la prensa reaccionaria contra su persona, por lo que su salud se quebrantó considerablemente. El 25 de diciembre de 1938, Karel Čapek falleció a la edad de cuarenta y ocho años, en plena capacidad productiva. Meses después, el 15 de marzo de 1939, las tropas alemanas invadieron el país y establecieron el Protectorado de Bohemia y Moravia, mientras que Eslovaquia devino un Estado que adoptó la ideología nazi. Su hermano Josef, también destacado escritor y redactor, debido a sus dibujos antifascistas fue detenido por la Gestapo e internado en diversos campos de concentración. Falleció en abril de 1945 en el de Bergen-Belsen, Alemania, días antes de la liberación del campo por tropas británicas.

Karel Čapek (1890-1938).
Karel Čapek (1890-1938).

Los cubanos tenemos una gran deuda que saldar con Karel Čapek, uno de los escritores europeos más destacados del siglo XX. Su novela El bólido (1934), en la que abundan numerosas alusiones a la Cuba de principios del siglo pasado, todavía no ha sido traducida al español. Como en sus otras novelas, en esta se nos muestra como un consagrado escritor con absoluto dominio de su idioma, capaz de atrapar inmediatamente nuestro interés mediante un lenguaje que magistralmente describe la atmósfera del hospital en el que se desarrolla la trama, en el que ha sido internado el único sobreviviente y único pasajero de un avión particular que se estrelló e incendió. Este yace en coma y en estado grave debido a las quemaduras sufridas, con rostro y manos irreconocibles. Se desconoce su identidad debido a que toda la documentación se quemó en el accidente, por lo que deciden llamarlo «el paciente X». Entre los monólogos y diálogos de la enfermera, el cirujano, el internista y un vidente y un poeta como pacientes, se va forjando un interesante entramado que llevó a todos a concluir que el desconocido «paciente X» es de origen cubano.

La enfermera fue formando su versión acerca de la procedencia y nacionalidad del «paciente X» a través de sus sueños. Para ella, se trata de un joven cubano adinerado, heredero de un padre sumamente recto y de una madre que no llegó a conocer, quien debido a un accidente ocurrido no recuerda ni su nombre, ni su procedencia, ni siquiera el nombre de su gran amor a primera vista, romántica historia de un amor correspondido, pero rechazado por los padres de la mujer deseada. O sea, una persona en la que la valentía, la caballerosidad y el amor desempeñaron su función. El vidente y el poeta, a su vez, coinciden en colegir que el «paciente X» procede de un lugar lejano y que debió sobrevolar algún océano. El cirujano explicó que lo único que encontraron en sus bolsillos fueron algunas monedas francesas, inglesas y estadounidenses, así como holandesas, por lo que dedujo que el «paciente X» hizo escala en Róterdam en una línea aérea irregular. Todos se preguntan por qué voló en medio de tan terrible tormenta, hacia dónde viajaba con tanta prisa, qué temía perder, al extremo de exponer su vida y la del piloto, quien sucumbió en el accidente y a quien debió pagar una suma inmensa para que lo transportase.

El cirujano lamentó que el «paciente X» ya llevaba dos días en coma y muy afiebrado, por lo que su corazón se debilitaba. Comentó que la vida se le escapaba por alguna herida interna a la que no se podía acceder por el estado en que se encontraba su cuerpo. Como en las dos piernas tenía cicatrices, estas fueron interpretadas como hechas por un jaguar, además de que en la muñeca tenía tatuada un ancla, por lo que el cirujano y el internista que lo ayudada concluyeron que el paciente procedía de América.

El clarividente manifestó que este pudiera proce- der de Cuba, Jamaica, Haití, Puerto Rico, Martinica y hasta de Barbados. En ese momento le vinieron a la mente palabras como Antillas, mantilla, damas españolas, por lo que finalmente concluyó que el desconocido paciente procedía de Cuba, tras quien se escondía una interesante historia de amor. El poeta también concordó con el clarividente, y en su mente forjó otra historia que se desarrolló en tierras camagüeyanas, donde competían la industria azucarera con la ganadería, así como antiguas tradiciones españolas con las nuevas introducidas por los estadounidenses, donde los hijos de los terratenientes se «norteamericanizaban», donde intereses comerciales vinculaban a colonos españoles, con obreros jamaicanos, haitianos y personas de otros países caribeños con los cubanos. La trama, muy bien entrelazada, condujo a todos los personajes a concluir por diversas vías que el desconocido «paciente X» era cubano, lo que después es corroborado por un telegrama recibido desde París.

Las diversas reconstrucciones de la desconocida vida del «paciente X» mediante los monólogos de los personajes de la novela, tienen como basamento el sorprendente conocimiento del escritor respecto de las regiones de Cuba dedicadas al cultivo y producción de azúcar o a la explotación ganadera, así como a la situación de descontento imperante en el país ante la presencia y dependencia de nuestro poderoso vecino del norte.

Pero este acercamiento de Čapek a la realidad de la Cuba del primer cuarto del siglo XX no debe sorprendernos, pues la prensa de su país seguía de cerca la evolución del nuestro, emergido de las ruinas del Imperio español, lo que también habían logrado los checos y eslovacos al proclamar su república en 1918 tras el colapso del Imperio Austrohúngaro. Además, Cuba llegó a competir en el mercado azucarero de la Europa de entreguerras con la Checoslovaquia republicana de aquel entonces, gran productora de azúcar de remolacha. A esto se sumó el intercambio comercial entre ambos países y el reducido proceso migratorio de checos y eslovacos hacia nuestro terruño en busca de mejores opciones de trabajo.

Esto generaba mucha información sobre nuestro país, a la que recurrió Čapek para regalarnos esta interesante e inesperada novela que ofreció al lector europeo una visión no precisamente idílica de la Cuba del primer tercio del siglo XX.