Los españoles en Cuba. Una campaña de apoyo a la guerra de Marruecos, 1920-1921

Por: Santiago Prado Pérez de Peñamil y María Antonia Herrera Ayala

Concentración de tropas en la playa de Ondarreta con destino a la guerra de Marruecos, 1921.
Concentración de tropas en la playa de Ondarreta con destino a la guerra de Marruecos, 1921.

 

Entre 1920 y 1921 Cuba enfrentó, luego de un largo período de prosperidad, los efectos de la gran crisis económica provocada por la abrupta disminución de los precios del azúcar. La quiebra del Banco Nacional, del Banco Español de la Isla de Cuba y la de otros bancos de menor cuantía comprometieron la estabilidad del país, en particular la de la colectividad hispana, en favor de la banca extranjera, especialmente la yanqui. La economía doméstica paralizó su crecimiento y la zafra de 1921 devendría un reto, en medio de los excedentes de azúcar acumulados.

La comunidad hispana desde el Tratado de París y el advenimiento de la república en 1902 sostuvo un desarrollo sostenido y logró un mecanismo organizativo de gran magnitud. Sus numerosas instituciones y su incidencia en la ubicación laboral, las atenciones benéficas, sanitarias y educativas a los recién arribados constituyeron importantes sostenes de sus congéneres. Sus indisolubles relaciones con las autoridades consulares, los grandes industriales y comerciantes de origen hispano y la prensa totalmente ibérica o cercana a sus intereses complementaron el casi absoluto dominio, aunque en estas circunstancias la jerarquía hispana debió enfrentar dos grandes y serios problemas. El primero, referido a resolver el excedente inmigratorio de españoles provocado por la crisis y, la otra, de carácter externo, la agudización de la guerra colonial de España en Marruecos, causante de miles de bajas en el ejército español. Su primer problema lo afrontaron de inmediato. La depresión se patentizó en el desplazamiento de un gran número de españoles en la zafra azucarera de 1921 que avanzaron hacia La Habana en busca de una solución.

Los inmigrantes comenzaron a deambular por la ciudad. La prensa calculaba sesenta mil desplazados. Todas las sociedades hispanas, dirigidas por el Casino Español de La Habana y el Consulado de España, comenzaron la ayuda. Las relaciones con las Secretarías de Gobernación, Hacienda y Sanidad cubanas, preocupadas por la situación, también posibilitaron algunos beneficios. El periódico pro hispano Diario de la Marina, previendo la debacle, fue quien más reclamó la evacuación de los inmigrantes. Ante tal insistencia, España nombró un representante. En nota «Delegación de la Cruz Roja Española», el periódico mencionaba al señor Ignacio Plá «Delegado Especial de Comisiones Cooperadoras en Cuba» y, por supuesto, representante de la Cruz Roja española. Miles de hombres comenzaron a aglomerarse frente al Consulado Español y al Diario de La Marina. Con el título: «El Conflicto de los Inmigrantes» el Diario emprendió una agresiva campaña en su favor. Conminaba a las navieras a reducir los precios. Apelaba también al Consulado Español y al altruismo de las Sociedades de Beneficencia. Aseguraba que el gobierno español estaba obligado a exigirle a las navieras y, además, aumentar las asignaciones al Consulado. Y agregaba:

«A Cuba no le conviene echarse encima la carga pública que suponen miles de extranjeros hambrientos y ociosos. Y España no puede permitir que sus hijos anden por el mundo abandonados y miserables.» Ante la lentitud de las navieras, el Diario lanzó una campaña nombrada «En favor de los Inmigrantes» Y exigía: «Dinero y pasajes baratos. Ese es el grito de guerra, mejor dicho, el grito de paz y caridad.»1

Comenzó entonces una espiral de donaciones. El día veintitrés de junio la Trasatlántica accedió oficialmente. El Consulado, máximo responsable de sus súbditos, procedió al pago del medio pasaje.

La Habana devino una ciudad superpoblada y desaliñada. Se temía la posibilidad de contagios infecciosos y desordenes.

«Muchos que desorientados van por las calles fatigados, mal vestidos, sin esperanza ya de encontrar trabajo». El Secretario de Sanidad de Cuba esclarecía: «La existencia en La Habana de un considerable número de hombres sin casa y en tan grave estado de desamparo crea serios problemas de higiene, de beneficencia y de policía urbana, que interesa resolver urgentemente con la cooperación de todos.»2

En esos meses de «vacas flacas», el dinero se deprimió extraordinariamente. El Diario pedía dinero y pasajes baratos y el apoyo de comerciantes y dueños de fondas para cubrir las necesidades de los inmigrantes. Hacia finales de agosto restaban unos cientos de desplazados. Concluyó la campaña en 50 000 pesos. Sin dudas, la presión ejercida por el Diario de la Marina determinó una respuesta más ágil y responsable del Consulado. Finalmente cerró la operación con alrededor de cuarenta mil embarcados.3

Para la jerarquía hispana, asumir la salida del excedente laboral se convirtió en un imperativo. Debía evitarse el cuestionamiento del gobierno cubano a la tan arraigada fama española de ser una inmigración responsable y favorecida. El Diario, al percatarse de la debacle, fue el primero en promover el embarque de los braceros. Debía evitarse las críticas. Latía la necesidad de incrementar la inmigración española los próximos años y estaban decididos en abordar la crisis con el mayor ímpetu.

La Campaña en favor del soldado español en Marruecos.

Hasta estos instantes, el Diario de la Marina solo ofreció noticias de modo esporádico en primera plana de España en Marruecos. Aunque desde julio existían cruentos combates en Marruecos, el periódico y la cúpula hispana priorizaron los graves problemas de la economía y la campaña en favor de los inmigrantes. Pero ya desde la mitad de agosto, el Diario abordó regularmente los pormenores de la guerra. Realmente, el ejército español sufría fuertes derrotas en el campo de batalla y era necesario incrementar tanto las ayudas inmediatas al frente de guerra como el aporte de nuevos reclutas para la contienda. En ese contexto surgió la campaña en favor del soldado español con un llamado de la Cruz Roja en Cuba, iniciado el 16 de agosto, antes de concluir la campaña en favor del inmigrante. Constituía el primer reclamo público dedicado a la guerra en Marruecos. Sin embargo, el artículo solo refería la culminación de la operación en favor del inmigrante, confirmando la importancia extrema del acontecimiento. A pesar del embarque de miles de ellos, el texto defendía a capa y espada la presencia permanente de los españoles en Cuba y afirmaba que quedaba conjurado el conflicto de la inmigración. Y aseveraba categórico la buena falta que harán esos braceros en la próxima zafra.

«¡Hemos desbaratado en pocos meses una propaganda de años! ¡Tantos esfuerzos y capitales invertidos en el fomento de la inmigración para retroceder de una vez todo el terreno conquistado!»

Concentración de tropas en la playa de Ondarreta con destino a la guerra de Marruecos, 1921.

Pero fue en la página dos del Diario donde realmente comenzó la defensa a ultranza del soldado español. El texto exhortaba al patriotismo hispano en medio de la adversidad de la guerra. Hacía un llamado a una cruzada en favor del soldado, apoyándose en la opinión de dos hacendados que manifestaban su interés en ayudar sin condiciones a una suscripción en auxilio del soldado para socorrer a los heridos, a las viudas y a los huérfanos y familiares de los muertos en los campos de combate y coadyuvar a la adquisición de materiales de guerra.

De inmediato, el día 18, el Comité de Sociedades Españolas, dirigido por el Casino Español de La Habana, asumió la responsabilidad. Acordó:

«Que en la mañana de hoy, a las once, se traslade el Comité en pleno a la Legación para visitar al señor Ministro y ratificarle la adhesión de las sociedades que lo componen, a las instituciones patrias, y el propósito que tienen de compartir los esfuerzos de la Nación, convocando al efecto una asamblea magna para el día 29 del corriente mes, en el Casino Español.»4

Ese propio día, Ignacio Plá, representante de la Cruz Roja española en Cuba, recibió una carta de José Avendaño, donde le planteaba que con motivo de la guerra que sostiene la Madre Patria con Marruecos harían una buena obra contribuyendo con los productos de este país como el azúcar, el tabaco y el aguardiente. Y ponía a su disposición veinticinco sacos de azúcar. Como respuesta el señor Plá le agradecía su iniciativa y pedía a los donantes la cooperación con la noble causa. Quedó iniciada la suscripción y el 23 de agosto el representante de la Cruz Roja recibió un cablegrama del general E. Mille, Comisario Regio de España, agradeciendo las expresiones patrióticas, sentimientos y nobles propósitos. El señor Plá informaba de donaciones de productos nacionales de varios españoles. Continuaba el Diario su gran barraje acerca de la batalla en Marruecos.

El día 30 notificaban los resultados de la asamblea magna. Todas las sociedades estuvieron representadas y la donación ascendió a «veintitantos mil pesos recolectados en los primeros momentos.» Presidida por el Ministro de España, Alfredo Mariátegui, estuvieron presentes el Cónsul de España, José Buigas Dalmau, el presidente del Casino Español, Narciso Maciá, y todos los presidentes de las sociedades, incluyendo muchas representaciones del interior del país. Pidió a los concurrentes ponerse de pie a la memoria de los que cayeron defendiendo la patria en suelo africano. El presidente del Casino Español, el señor Maciá, al hablar en nombre de la asamblea, apeló al patriotismo, agradeció la adhesión de todos y manifestó:

«Puesto que el Comité Organizador de esta Asamblea juzga que debe terminar aquí su misión y, por lo mismo su mandato, pone el encargo a la disposición de la Asamblea (…) pidiendo se proceda al nombramiento del organismo que ha de suceder» y propuso «…que el citado organismo se titule Junta Patriótica Española de Cuba». Y solicitaba «…que la Asamblea debe acordar abrir inmediatamente una suscripción destinada a los fines indicados». Exhortó a los españoles de Cuba para que «…procedan en consecuencia con los sentimientos y deberes patrios.» La Asamblea apoyó la proposición, «…quedando constituida la Junta Patriótica con todas las sociedades allí representadas.»5

El día 31, el periódico informó que los ofrecimientos iniciales fueron de gran magnitud. Además del Comité de Sociedades Españolas, donante de 10,000 pesos, algunos conspicuos personajes, como Manuel Carreño y Manuel Otaduy, brindaron 2,500 pesos cada uno. Un grupo poderoso lo haría entre 500 y 50 pesos y, otros más modestos, entregaron cantidades menores. También el Diario señaló la importancia de la asamblea, donde el alma de la colonia española en Cuba vibró con toda la intensidad de su ferviente y generoso patriotismo. Resaltó el tradicional patriotismo hispano durante los varios acontecimientos producidos anteriormente en el país, como el arribo de los marinos del Nautilus o del Alfonso XIII, y recreó la historia de patriotismo de los españoles en el Riff marro quí desde el siglo xix hasta esos instantes. Aunque en esas circunstancias de crisis, comentaba, los españoles olvidaban muchos hechos anteriores y en estos momentos fatídicos debían reaccionar, porque el honor de la bandera de la patria había sido vilipendiado por el enemigo. Apelaba a una sacudida de la colonia española por los aciagos sucesos de Marruecos y por el heroísmo inmortal de los que se inmolaron allí frente al moro africano. Y, con palabras altisonantes, culminaban la asamblea invocando el patriotismo hispano y haciendo un llamado a fundirse en un solo corazón cuando la patria sufre y llora.

El primero de septiembre, en medio de la exaltación patriótica, un artículo del propio periódico divulgaba una crónica con el desenfadado título «Los españoles se divierten», donde describía el ambiente festivo de los españoles en las romerías habaneras. Opinaba:

«Indudablemente, los españoles son los que más y mejor se divierten en La Habana. A pesar de la moratoria (q. e. p. d.), de la crisis financiera; del tan cacareado reajuste económico, y de la guerra de Melilla, todos los domingos se reúnen en “La Tropical”, “La Polar”, y demás lugares “típicos” para esa clase de actos y, ora festejando el santo patrón, ya recaudando fondos para escuelas, ya simplemente por divertirse, olvidan los malos ratos pasados y los venideros, empujándose primero un arroz con pollo, y bailándose después un danzón sabroso y un pasodoble de la colonia hispana de la realidad española. Y si bien auxiliaban a sus aldeas con algunos socorros, en Cuba habían encontrado el lugar idóneo para vivir. Tampoco debe olvidarse que numerosísimos de los que emigraron de España abandonaron sus aldeas huyendo del llamado a quintas, el servicio militar, por temor a que fueran enviados a Marruecos. Ahora, alejados de su patria, su posible contribución monetaria para el soldado español nunca comprometería su ganada autonomía. Por eso en Cuba habían encontrado el refugio ideal.

Sin embargo, la campaña en favor del soldado español realmente aumentaba. La histórica organización piramidal de la comunidad hispana permitía mantener controlada a la masa inmigrante, basada en relaciones de cohesión patriarcal, regional y en el reclamo permanente a mantener torerazo.»

Resaltaba las características de las fiestas, las costumbres de algunas regiones de España y de la rápida adaptación de los españoles a Cuba. Como resumen, a modo de justificación y, con cierta sorna, exponía qué a pesar de la diversión, los españoles mantenían la solidaridad con las cosas de España.

«Los españoles se divierten, sí; pero además, organizan suscripciones en todos los centros y clubes para sus hermanos que en los campos africanos luchan contra los fanáticos rifeños, defendiendo el honor de la bandera de España; ayudan a sus hermanos en desgracia, repatriándolos; sostienen escuelas en sus aldeas, sin privarse los domingos de empujarse un arroz con pollo y marcarse un danzón sabroso, recordando la tierra lejana.»6

Combatientes riffeños

Sin dudas, la realidad de los españoles en Cuba era muy contradictoria. Mientras unos sufrían el embate de la pobreza y hubo necesidad de repatriarlos, otros gozaban de cierta holgura económica, lo cual les permitía acomodarse a los nuevos tiempos y salir ilesos de la crisis. El comentario anterior patentizaba un cierto distanciamiento

Sin dudas, la realidad de los españoles en Cuba era muy contradictoria. Mientras unos sufrían el embate de la pobreza y hubo necesidad de repatriarlos, otros gozaban de cierta holgura económica, lo cual les permitía acomodarse a los nuevos tiempos y salir ilesos de la crisis. El comentario anterior patentizaba un cierto distanciamiento los atributos de la sagrada raza hispana. El llamado al patriotismo siempre actuó como elemento de compulsión en toda la colonia. El 2 de septiembre la Junta Patriótica efectuó la primera reunión. Asumieron su dirección los funcionarios más elevados de la Legación de España en Cuba. De inmediato fue leído un cable del Ministro de España en Cuba al Ministro del Estado español, donde enunciaba el inmenso entusiasmo y renovando amor Patrio y a las Instituciones. Propusieron celebrar en el futuro el Día de España. Elegidos los cargos, obtuvieron la presidencia de honor el Ministro Alfredo Mariátegui y la vicepresidencia, el Cónsul General José Buigas. La presidencia efectiva la alcanzó el presidente del Casino Español, Narciso Maciá. Los otros cargos recayeron en la jerarquía histórica de los centros regionales y en personajes del Casino Español. Crearon tres comisiones. Una de propaganda, otra de arbitrios y, la siguiente, dedicada a la organización de fiestas. En días sucesivos, la Junta Patriótica recibió muestras de apoyo de diversas localidades, ofreciendo personas voluntarias para acudir a

Sin embargo, la campaña en favor del soldado español realmente aumentaba. La histórica organización piramidal de la comunidad hispana permitía mantener controlada a la masa inmigrante, basada en relaciones de cohesión patriarcal, regional y en el reclamo permanente a mantener torerazo.» Resaltaba las características de las fiestas, las costumbres de algunas regiones de España y de la rápida adaptación de los españoles a Cuba. Como resumen, a modo de justificación y, con cierta sorna, exponía qué a pesar de la diversión, los españoles mantenían la solidaridad con las cosas de España.

«Los españoles se divierten, sí; pero además, organizan suscripciones en todos los centros y clubes para sus hermanos que en los campos africanos luchan contra los fanáticos rifeños, defendiendo el honor de la bandera de España; ayudan a sus hermanos en desgracia, repatriándolos; sostienen escuelas en sus aldeas, sin privarse los domingos de empujarse un arroz con pollo y marcarse un danzón sabroso, recordando la tierra lejana.»6

Sin dudas, la realidad de los españoles en Cuba era muy contradictoria. Mientras unos sufrían el embate de la pobreza y hubo necesidad de repatriarlos, otros gozaban de cierta holgura económica, lo cual les permitía acomodarse a los nuevos tiempos y salir ilesos de la crisis. El comentario anterior patentizaba un cierto distanciamiento los atributos de la sagrada raza hispana. El llamado al patriotismo siempre actuó como elemento de compulsión en toda la colonia. El 2 de septiembre la Junta Patriótica efectuó la primera reunión. Asumieron su dirección los funcionarios más elevados de la Legación de España en Cuba. De inmediato fue leído un cable del Ministro de España en Cuba al Ministro del Estado español, donde enunciaba el inmenso entusiasmo y renovando amor Patrio y a las Instituciones. Propusieron celebrar en el futuro el Día de España. Elegidos los cargos, obtuvieron la presidencia de honor el Ministro Alfredo Mariátegui y la vicepresidencia, el Cónsul General José Buigas. La presidencia efectiva la alcanzó el presidente del Casino Español, Narciso Maciá. Los otros cargos recayeron en la jerarquía histórica de los centros regionales y en personajes del Casino Español. Crearon tres comisiones. Una de propaganda, otra de arbitrios y, la siguiente, dedicada a la organización de fiestas. En días sucesivos, la Junta Patriótica recibió muestras de apoyo de diversas localidades, ofreciendo personas voluntarias para acudir a Marruecos, recursos materiales y dinero destinados al soldado español. De modo paralelo a la Junta, la Cruz Roja española también recibía donativos destinados al frente.

El día 7 de septiembre, el Diario divulgó un editorial absolutamente colonialista con el título «¿África para los africanos?» En él evidenció la necesaria dependencia de los africanos a la presencia europea en ese continente. Entre otras razones, señalaba:

«Aún no pocos de aquellos pueblos que han sentido el roce de la colonización y la civilización europeas apenas han pasado del estado de barbarie. Así les sucede a los Riffeños de Marruecos» (…) «África podrá ser para los africanos, cuando la civilización haya amansado y humanizado a las incontables tribus que yerran por sus riscos y cuando estas no constituyan un peligro tan próximo y constante como lo son para España la de los riffeños.» (…) «Entretanto, España tendrá tanto o más derecho para hacer respetar su autoridad en Marruecos y para sojuzgar a los moros rebeldes como lo tiene Francia en Argelia.»7

El día 10 de septiembre, para justificar y fortalecer aún más la jurisdicción de España en Marruecos, el periódico publicó un extenso texto donde defendía todas las prerrogativas legales de la metrópoli en ese país, basado en tratado previo entre las potencias coloniales, Inglaterra y Francia, el cual otorgada a España la región del Tánger. Pero, además, los acuerdos posteriores de 1904 y 1912, firmados entre España y Francia, robustecieron la legitimidad española de permanecer y dominar con total autoridad esa región. Rasgos típicos de la repartición de territorios del colonialismo de la época.

El día 12, inesperadamente, apareció la primera noticia de la presencia en La Habana de más de quinientos voluntarios, los llamados legionarios, prestos a marchar a Marruecos. Entre ellos, algunos cubanos. Reunidos en un terreno de fútbol, el parque Muntal, en el Vedado, realizaron algunos ejercicios iniciales. Allí estaban presentes algunas de las altas figuras de la Junta Patriótica. El secretario de la Legación, Federico Oliván, demandó a los presentes en un gran tono grandilocuente:

«¡Legionarios! (…) Al luchar por España, vais a luchar por Marruecos, contra las hordas de bandidos que impiden su progreso y a las cuales es preciso imponer la civilización a cañonazos cuando no la quieren aceptar por los procedimientos de suavidad y dulzura que hasta ahora se ha empleado con ellos.» Y desconociendo la causa patriótica de los pobladores originales de Marruecos, los inducía a no aceptar esa idea. «No hagáis caso de los que digan que los marroquíes luchan por su patria y por su libertad.»

Todo culminó con una gran ovación al orador, exclamando vivas a España y a Cuba y al capitán Espino, jefe de la legión.8

El día 13, la Junta Patriótica emitió un Manifiesto. Su objetivo principal era agradecer a españoles y, especialmente a los cubanos, el apoyo ofrecido a la causa. Debemos entender la enorme interrelación existente entre españoles y cubanos por múltiples lazos, tanto de orden familiar como económico, por cuanto podía ser perfectamente posible la inserción de cubanos en la aventura de la guerra, a pesar de su distante relación con los acontecimientos. Muchos de ellos eran personas dependientes de propietarios y comerciantes españoles, a los cuales no les podían negar alguna petición por difícil que fuera. Ese mismo día, apareció el anuncio de un futuro gran festival de fútbol, con el nombre Pro Soldado Español. En la reunión de los dirigentes de los cuatro clubes comprometidos se acordó donar una valiosísima copa de plata, la más hermosa que hasta entonces se había discutido en evento alguno. El trofeo se denominó Copa España.

En días sucesivos varios pueblos del país informaban de sus diversos aportes, especialmente el número de reclutados para Marruecos. Continuaba el gran barraje informativo. El día 18 de septiembre aún restaban inmigrantes por embarcar. Por lo tanto, debieron explicar a las colonias de españoles del interior del país los procedimientos para evitar el arribo de los legionarios sin previo aviso. Así evadían crear dificultades en La Habana. Apuntaba que los legionarios podían salir con 48 horas de anticipación a la fecha de embarque para no constituir problema alguno, porque era dificilísimo acomodar y mantener a tantos hombres.

En ese número, el periódico insistía en el festival de fútbol Pro Soldado Español. Como la organización de fútbol en La Habana la dominaban los españoles, cooperar con la Junta Patriótica era un compromiso ineludible. «Este magno acontecimiento que tiene preocupada la atención de todos los futbolistas de Cuba, es la fiesta que han acordado celebrar unos cuantos señores comerciantes, en honor y provecho del soldado español. Todo lo que se recaude en la fiesta, cuyo resultado se anotará con caracteres indelebles en el libro de oro de ese deporte, será para el abnegado soldado hispano, que con exposición de su vida defiende en los campos de Melilla, el pabellón de Castilla.»9

El día 20 aparecieron fotos de la visita de los legionarios al Diario de la Marina como preámbulo a su partida. Entre los centenares de españoles y cubanos también existían algunos americanos y mozos de otros pueblos. Un editorial resaltaba en lenguaje grandilocuente la partida de los legionarios y su vocación patriótica por la defensa de España en el Riff. Volvía a ponderar a los cubanos, exaltando la figura del capitán Espino, jefe de la tropa, dispuestos a inmolarse en nombre de la madre patria. Otro gran grupo partiría el próximo día tres de octubre en el vapor Monserrat. Presenciaron la despedida la plana mayor de la Junta Patriótica y mucho público abarrotado en el puerto. Un gran número de automóviles se apiñaba en los alrededores. Entre los legionarios marchaban a nombre de la Cruz Roja dos médicos y cuatro enfermeras; además, un capellán y cuatro aviadores del Cuerpo de Aviación de la Legión Hispano-Cubana.10

En Cuba, diversidad de noticias enaltecían el ambiente, entre otras, la presentación de obras teatrales alusivas a la campaña. Lo más significativo consistió en proponer un gran banquete por valor de diez pesos el cubierto para conmemorar el Día de la Raza, con vistas a engrosar los fondos para la guerra. Pero solo consumirían café y tabaco. Se realizaría en el teatro Nacional. El día 25, una gran foto de un soldado español en Melilla cubría gran parte de la primera página del Diario. Volvía a promocionarse el festival de fútbol. Al fin, compitieron por la Copa España los clubes Olimpia, Fortuna, Iberia e Hispano América y la obtuvo este último club. Resaltaban los listados de los contribuyentes a la campaña en favor del soldado español. Por otra parte, todas las mercancías enviadas a los soldados en el frente estarían libres de pago de fletes.

Los siguientes días continuaron las informaciones del frente y la exacerbación del sentimiento por el Día de la Raza y el futuro banquete. Al mismo asistirían quinientos comensales con la presencia del ministro español. Luego de efectuarse, el periódico, extremando su sentimiento panhispanista, resaltó la poquísima asistencia de los cubanos. Concurrió, según dijo, solo la representación del gobierno y algún que otro hijo del país. Y argumentaba con cierto escepticismo: «Y es que la Fiesta de la Raza suena a fiesta española, y los cubanos no asisten si no se les invita. Cuando debiera ser al revés. Debieran dar la fiesta los cubanos e invitar a los españoles. Porque España debe preocuparle el saber por dónde andan sus hijos, y recordarles, aunque sea una vez al año, que fue ella quien los procreó. Pero a los pueblos de América les interesa o debe interesarles aún más el esclarecer su origen y enaltecerlo.»11

El 25 de octubre dieron a conocer la cantidad de 200 000 pesetas enviada por la Junta Patriótica a la reina de España. En la reunión se propuso, por una parte, la invitación a celebrar el Día de España el 8 de diciembre, en homenaje a la Purísima Concepción, patrona de ese país y de la infantería española y, por la otra, la finalización de la actuación de la Junta patriótica el próximo 15 de diciembre. Hicieron hincapié en la labor preparatoria a realizar por el Comité de Damas Protectoras. En medio de la aún tensa situación económica y como muestra de la capacidad de recuperación de la comunidad hispana, el primero de noviembre inauguró un nuevo edificio para albergar al Consulado y a la Cámara de Comercio de España en la calle Cuba 14, adornado con bellas pinturas y un cuadro del rey. Asistió el ministro de España y lo más granado de la industria y el comercio hispano.

Ya el 16 de noviembre, en nueva reunión, leyeron un cablegrama enviado por el jefe de la casa de la Reina Victoria Eugenia, agradeciendo el envío de las 200 000 pesetas.

«Su majestad agradece vivamente generoso desprendimiento y patriótico entusiasmo a Vuecencia y colonia representada por Junta Patriótica.»12

En días siguientes continuó el barraje informativo con respecto a las donaciones a la Junta Patriótica y a la Cruz Roja. Varios propietarios de fábricas enviaban víveres, como azúcar, ron, guayaba, chocolate o cajetillas de cigarros. El día 23, el ministro de España presidió la reunión, donde señaló la cifra de una segunda remesa. En cablegrama anunciaba el envío a su Majestad de un giro con otras doscientas mil pesetas de la Junta Patriótica. El Día de España se celebraría en toda la república. Los grandes centros regionales y el Casino Español coordinarían bailes de pensión, previos a la fecha, con el fin de recaudar fondos.

Acerca del Día de España, el día 9 de diciembre el Diario abordó en tono apologético la celebración y, en especial, la cruzada de España en Marruecos. Luego de mencionar diversos homenajes en todo el país, apuntó: «Día de España porque cada español ausente de su patria ha evocado su recuerdo y ha avivado el ansia de la reivindicación.» En alusión a la comunidad, argüía: «España ha de agradecer vivamente la labor asidua y fecunda de la Junta Patriótica Española que con tesón incesante ha propagado y fomentado la hidalga y altruista idea de contribuir desde aquí al apoyo, al refuerzo y al triunfo de las tropas españolas en Marruecos. Esa labor ha mantenido ferviente y entusiasta el patriotismo de la colonia española de Cuba.»13 El día 13 fue informada la suma definitiva de las recaudaciones, por valor de 79 362 pesos. Luego de algunos comentarios relativos al Día de España, concluía la labor de la Junta. Aunque la guerra en Marruecos continuó, la campaña en favor del soldado español culminaba su actuación. También debían enfrentar con premura los asuntos internos de Cuba, con la entrada en vigor del oneroso arancel estadounidense Fordney-McCumber y, al propio tiempo, controlar el arribo de nuevos braceros españoles para la zafra.

Las campañas en favor del inmigrante y del soldado español, en medio de la tensa situación económica, mostraron la pujanza de la comunidad hispana y sus estrategias en relación con las situaciones respectivas de Cuba y España. Luego de la profunda crisis de finales de 1920 y principios de 1921, la jerarquía hispana volvió a apelar a la unidad de los españoles en Cuba y encontró nuevos mecanismos de compulsión para mantener el control sobre las masas inmigrantes. La disposición jerárquica de sus diversas asociaciones, dirigidas en momentos cruciales por un mando único y coherente, les permitió afrontar cualquier eventualidad para salvar las más disímiles y difíciles situaciones. Esto les proporcionó mantener en grado sumo la unidad ideológica y nacionalista en los españoles de Cuba. Y aunque debieron afrontar diversos hechos desfavorables lograron la mayor autonomía posible para ir capeando cualquier eventualidad. En cierto sentido, la experiencia de estas campañas realizadas les posibilitó en 1922 demandar al gobierno cubano que declarara día festivo el 12 de octubre, Día de la Raza. Una gran movilización hispana demostraría ese día su gran fuerza en el escenario económico y social del país.

Notas:

  • «Impresiones» Diario de la Marina, La Habana, 16 de junio, tarde, 1921, año LXXXIX, no. 137, p. 1.
  • «El Problema de los Inmigrantes» «Cambio de Impresiones con el Secretario de Sanidad» Diario de la Marina. La Habana, 8 de julio, 1921, año LXXXIX, no. 161, p. 1.
  • Este tema del propio autor está tratado en la revista Espacio Laical, 1, de 2018, año 14, p. 76-84. «El excedente inmigratorio hispano en Cuba en 1920-1921».
  • «En el Casino Español» Diario de la Marina. La Habana, 18 de agosto, 1921, año LXXXIX, no. 195, p. 1
  • «Asamblea magna del Casino Español» Diario de la Marina. La Habana,30 de agosto, 1921 año LXXXIX, no. 205, p. 1. 6 Celtívero: «Los españoles se divierten» Diario de la Marina. La Habana, 1 de septiembre, 1921, tarde, año LXXXIX, no. 202, p. 3.
  • «¿África para los africanos» Diario de la Marina. La Habana, 7 de septiembre, 1921, año LXXXIX, no. 212, p. 2.
  • «Más de quinientos legionarios se reunieron ayer en el Vedado» Diario de la Marina. La Habana, 12 de septiembre, 1921, tarde, año LXXXIX, no. 211, p. 1.
  • «El acontecimiento futbolístico del año será el del domingo próximo en el parque “Muntal”». Diario de la Marina. La Habana, 18 de septiembre, 1921, año LXXXIX, no. 222, p. 17.
  • Este asunto ya fue abordado por el investigador Jorge Domingo Cuadriello en el artículo «La aventura colonialista de la legión de Cuba en Marruecos», publicado en Espacio Laical Año 13 Nº 2, La Habana, abril-junio de 2017, pp. 64-70.
  • «Impresiones» Diario de la Marina. La Habana, 13 de octubre, 1921, tarde, año LXXXIX, no. 237, p. 2.
  • «La Junta Patriótica Española» Diario de la Marina. La Habana, 16 de noviembre, 1921, tarde, año LXXXIX, no. 266, p. 1. «De la Junta Patriótica Española» Diario de la Marina. La Habana, 9 de noviembre, 1921, tarde, año LXXXIX, no. 260, p. 1.

«Día de España» Diario de la Marina. La Habana, 9 de diciembre, 1921, año LXXXIX, no. 291, p. 2.