Señor dr. Gonzalo Arostegui.1

Parece que era un gran orador, pero su estilo epistolar es más de poeta. Acabo de leer una correspondencia de Castelar —mero orador— y es muy otra cosa. Sarmiento, por ejemplo, el argentino, era más orador que poeta y no sé de él que hiciera versos nunca.
Me interesa, en fin, y mucho Martí, y pienso dedicarle, como a escritor y sentidor —sentidor tanto o más que pensador— algunos comentarios que daré a la luz, como le digo, en La Nación argentina. Y al llamarle poeta, quiero decir que era un gran hombre de acción, no un puro escritor, un «hombre de verdad y sencillez y no un llena páginas ambicioso y sin acción» para emplear sus palabras.
Aquella frase-lema de «con la realidad y por el cariño» (página 279) es admirable. Todo poeta de verdad vive en la realidad y de realidades.
Ahora quiero que dé usted de mi parte, testimonio a doña Angélica Miranda, la viuda de Quesada, de mi pena por la muerte de este hombre noble, sencillo y fuerte, a quien siento no haber podido tratar más y más de cerca. No olvido su visita a esta Salamanca.
Y queda suyo afino.,
Miguel de Unamuno Salamanca. 8,VII, 19.
1 En la Habana el señor Aróstegui ha proseguido la benemérita labor del señor Quesada: recoger los escritos de Martí.
miGuel De unamuno (Bilbao, 1864 – Salamanca, 1936). Pensador, ensayista, narrador, poeta y periodista. Uno de los más destacados intelectuales españoles durante las primeras décadas del siglo xx. Llegó a ser Rector de la Universidad de Salamanca. Entre sus principales obras se encuentran los ensayos Del sentimiento trágico de la vida (1913) y La agonía del cristianismo (1925), así como la novela La tía Tula (1933). La presente carta apareció publicada en la revista Repertorio Americano Volumen I, Nro. 2. San José de Costa Rica, 11 de septiembre de 1919.


