Mirar la Teología con ojos de filósofo

Por: Alberto García Fumero

Karl Rahner (1904-1984) es uno de los más impor- tantes teólogos católicos de los últimos tiempos. Se- gún la fundación que lleva su nombre, entre 1925 y 1984 la lista de sus publicaciones comprende más de 4 000 títulos, y al momento de consultar la página, casi 3 000 libros y artículos referidos a la teología de Rahner. Sus obras más conocidas son los Escritos teológicos y sobre todo el Tratado fundamental sobre la fe. También fue coeditor de obras colectivas como el Lexikon für Theologie und Kirche, en 10 volúmenes (1957-1965) y Sacramentum Mundi, en 4 volúmenes (1967-1969). En 1965, al término del Vaticano II, Rahner, lanzó junto con Yves Congar la revista teológica Concilium.

Rahner desempeñó un papel fundamental en la redacción de los documentos Lumen Gentium (sobre el papel de la iglesia como pueblo de Dios) y la constitución Dei Verbum (sobre la revelación) del Concilio Vaticano II. En este artículo analizaremos el Curso fundamental sobre la fe.

» El Curso fundamental sobre la fe

El Curso fundamental sobre la fe de Karl Rahner, que si bien es su obra más representativa nunca quiso que se viera como resumen de su teología, se estructuró sobre la base del curso que impartió en el verano de 1964 en la Facultad de Filosofía de la universidad de Munich. Se trataba de un curso de 4 semestres lla- mado «Introducción al concepto de cristianismo», perteneciente a la cátedra de filosofía de la religión y cosmovisión cristiana, cátedra que recién acaba- ba de ocupar. El curso se repitió con variantes (esta vez impartido a estudiantes de Teología) a partir de 1967 en la Facultad de Teología de la Universidad de Münster. Solo mucho más tarde, y con añadiduras y hasta reelaboraciones de varias partes, se convirtió en un libro.

Según él mismo, hubiera preferido que se le llamara «Introducción al concepto de cristianismo», y fue decisión de los editores el cambio de título. Éste puede crear la falsa idea de que se trata de algo elemental o muy introductorio, otro catecismo más, aunque por supuesto que tal idea se desvanece luego de la lectura de un par de páginas.

» Un curso en modo alguno fundamental

Su idea de «introductorio» es que mucho de lo que habitualmente se acepta o cree sin demasiadas reflexiones puede ser tremendamente difícil de entender, o no tendría sentido si no se tienen muy bien afianzados los conceptos y razonamientos que debate (posición del hombre ante Dios, el problema del mal, el pecado original, el papel de la Iglesia, etc). O sea, propone ubicarse en la raíz misma de los problemas teológicos que analiza. Y lo hace desde un punto de vista filosófico.

Dicho por él mismo: «la tarea propuesta en mi li- bro era simplemente esta: mostrar cómo un cristiano normal, que no puede ser experto en todas las disciplinas especializadas, puede justificar ante sí mismo y ante los demás la justeza y el sentido de la propia fe…» En alguna parte, entre una «fe de catecismo» y las respuestas detalladas de los especialistas, debe existir una «justificación responsable» de la fe.

A Rahner le interesa extraordinariamente en este libro lo que llamó «justificación responsable», concepto que recuerda mucho al de «consentimiento informado», y aún al de «educated guess» los cuales se manejan en otras circunstancias de la vida donde también deben tomarse decisiones trascendentales. Para Rahner el libro y las reflexiones que propone son un «experimento».

¿Es obligatorio hacerlo así? ¿O es que se intenta, de alguna forma, seguir los «signos de los tiempos», de estos tiempos en que lo que no es «científicamente demostrable» no es aceptado? ¿Por qué esa necesidad tan acuciante de una «justificación razonable» de la fe? En fin de cuentas, está hablando un teólogo, y ya desde hace mucho Santo Tomás de Aquino, hasta hace relativamente poco —la Iglesia es vieja, recordemos— pilar fundamental del pensamiento teológico católico, dedicó el capítulo VI de Summa contra gentiles a la siguiente aseveración: «Asentir a lo que es de fe no es ligereza, aunque esté por encima de la razón».

» Niveles de reflexión

Ocurre que Rahner tenía una sólida formación filosófica. Y para él ese primer nivel de reflexión es preteológico. Y hasta «precientífico», como dice en la introducción. En mi opinión, teme caer en peticiones de principio, de modo que trata de basarse lo menos posible en los datos de la Revelación y ver de lograr con la razón esa «justificación razonable» para luego, con esa luz ganada, analizar los grandes problemas teológicos. Un espaldarazo a esta aproximación al problema la tiene (y la menciona explícitamente en el libro) en el capítulo V, punto 14 del decreto Optatam Totius sobre la formación sacerdotal emitido por el Concilio Vaticano II, el cual llama la atención sobre la necesidad de este tipo de preparación. Véase:

 

  1. En la revisión de los estudios eclesiásticos hay que atender sobre todo a coordinar más adecuada- mente las disciplinas filosóficas y teológicas, y que juntas tiendan a poner más y más de manifiesto a las mentes de los alumnos el misterio de Cristo, que afecta a toda la historia del género humano, influye constantemente en la Iglesia y actúa, sobre todo, mediante el ministerio sacerdotal.

 

Para comunicar esta visión a los alumnos desde los umbrales de su formación, los estudios eclesiásticos han de incoarse con un curso de introducción, prorrogable por el tiempo que sea necesario. En esta iniciación de los estudios propóngase el misterio de la salvación, de forma que los alumnos se percaten del sentido y del orden de los estudios eclesiásticos, y de su fin pastoral, y se vean ayudados, al propio tiempo, a fundamentar y penetrar toda su vida con la fe, y se confirmen en abrazar la vocación con una entrega personal y un ánimo alegre.

El propio Rahner reconoce el escaso uso de las Escrituras que hace en el libro.1 Según Schickendantz, esto se explica por el lugar que ocupa explícitamente en la teología de Rahner y la propia naturaleza del Curso fundamental de la Fe, en tanto «primer nivel de reflexión». Renuncia a la «ventaja de salida» que pudiera tener si recurriera más al testimonio de las Escrituras porque su objetivo es otro.

Seguir el método de razonamiento de Rahner im- plica, según sus propias palabras, la «fatiga del concepto» a que aludía Hegel (esfuerzo del concepto en la edición consultada), lo cual destaca desde el mismo prólogo. Para ello estructura su libro según nueve pasos (grados), que van recorriendo desde la posición del hombre ante Dios, hasta los grandes problemas teológicos, sin que ellos impliquen que en todos los casos las respuestas que propone sean definitivas. En particular hace hincapié, durante sus análisis, en el «hacia dónde» y «hasta dónde» de cada aspecto, queriendo enmarcar y delimitar, con esta orientación casi vectorial, los límites y tendencias.

Karl Rahner (1904-1984).

» Acogida

¿Qué acogida tuvieron el libro y el método en él em-pleado?

El entonces cardenal Ratzinger escribió una reseña muy favorable al Curso fundamental (en Theologische Revue (74 (1978), pp. 177-186) y valoró posteriormente de forma muy positiva los principios de su teología, en un trabajo-homenaje, publicado en 1979, cuando Rahner cumplió los 75 años (cf. K.-H. Neufeld, Die Brüder Rahner, Freiburg i. Br. 1994, p. 344).

Sobre temas relacionados, el entonces cardenal Ratzinger, luego papa Benedicto XVI, escribió en otra ocasión2: «Por el contrario, cuando se trata de la fe en la Revelación, rebasamos los límites de ese saber humano que nos caracteriza. Y si, por hipótesis, la existencia de Dios pudiera concebirse como un “saber”, al menos la revelación y sus contenidos seguirían siendo objeto de “fe” para cada uno de nosotros, es decir, serían algo que supera la realidad accesible a nuestra capacidad de saber. En consecuencia, en este aspecto no podríamos apelar o referimos a ningún saber de especialistas, ya que nadie podría conocer directamente esas realidades por el hecho de haberlas estudiado personalmente. De modo que, una vez más y de manera más apremiante, nos encontramos frente a este problema: Esa clase de fe, ¿se puede conciliar con la ciencia crítica moderna? ¿No sería más adecuado al hombre adulto de hoy abstenerse de emitir un juicio en semejante materia y esperar el día en que la ciencia disponga de una respuesta definitiva a esa clase de preguntas?»

Ello también tiene su razón de ser en las características de la Teología.

» La Teología como ciencia

Si bien es verdad que aceptamos a la Teología como una ciencia, está claro que es una ciencia con ciertas particularidades.

La ciencia parte de un dato verificable y construye su edificio a partir de allí. Puede tomar su basamento de otra ciencia, pero el dato original debe haber sido obtenido por la experiencia anteriormente. Tienen una raíz experimental que las hace ser eso, ciencias. Se construye una teoría y es aceptada en tanto «funcione», en tanto concuerde con los datos experimentales, en tanto dé respuestas plausibles a las nuevas preguntas que se plantean a medida que se construye esa ciencia. Si no da esas respuestas, se desecha la teoría y se busca estructurar otra.

Pero nuestro conocimiento es en el fondo empírico. No hay, por ejemplo, en cosmología un profesor que nos diga: «sí, tu respuesta es correcta. El Big Bang ocurrió, y fue de esa forma que dices. Tienes 90, 100 puntos.» La genial intuición de Newton sobre la física fue aceptada como universalmente válida, y ahora la vemos como un caso particular. El dato del comportamiento de la luz como partícula fue y es cierto, como lo fue y es el dato sobre su comportamiento como onda. En su momento la clasificamos como una u otra cosa, hasta finalmente aceptarla como «de comportamiento dual».

La teología, en cambio, dispone de algunas certezas que se reciben y asumen axiomáticamente y no se revisan por ser datos de fe3 que aceptamos y a partir de los cuales construimos las teologías. Si no empezamos por aceptar esos datos de fe, aceptarlos sin más razones que la fe —dado que no hay un instrumento para medir la presencia de Dios— pues no hay teología.

Ello hace que debamos pensarla de forma diferente. Para Alejandro de Hales, por ejemplo, la teología entonces es conocimiento, no ciencia. Santo Tomás de Aquino, fundamento básico de la Iglesia Católica hasta los tiempos del Concilio Vaticano II, hubo de explicitar muy bien su razonamiento para hacer acep- tar a la Teología como ciencia y que pudiéramos seguir adelante. Tanto más que planteaba el uso de una herramienta nueva y netamente filosófica…

Véase esta nota, perteneciente a una edición crítica de la Summa: «Dentro de la noética aristotélica, una característica es imprescindible para que pueda haber ciencia: que se dé un proceso de lo conocido a lo desconocido; que se proceda desde la evidencia de los principios, a través de la demostración, hasta las conclusiones. Scientia procedit ex principiis per se notis. La gran dificultad, por consiguiente, para atribuir a la sacra doctrina el carácter científico salta a la vista. La ciencia procede a partir de una evidencia y como dueña absoluta del dato inicial, mientras la sacra doctrina, en cambio, procede a partir de lo desconocido, la inevidencia de los datos de fe y en absoluta dependencia y obediencia a los mismos.»4

» Sea la nuestra una «Teología de rodillas»

Los datos de fe se aceptan o no. De ello depende seguir adelante. Aunque, siguiendo la aseveración comúnmente atribuida a Einstein, también la ciencia presupone dos grandes actos de fe: primero, suponer que el mundo es coherente, que hay un orden en él; que hay leyes que lo gobiernan. El segundo acto de fe es suponer que además de ser coherente, es cognoscible. Y solo disponemos de la experiencia para esto.

Algunas de las principales cuestiones que Rahner analiza, con un punto de vista y un razonamiento filosófico (sin que esto quiera decir, repito, que dé respuestas definitivas y de cierre) son, por ejemplo: ¿cuál es la dificultad fundamental del hombre para ver a Dios, dado que Él exista? Si realmente se ha dado a conocer, ¿por qué lo ha hecho? Y ese supuesto darse a conocer, esa forma de inmediatez, ¿por qué no ha superado de antemano toda otra manera religiosa pensable, mediada?

Apunta en relación con esto que pudiera ser que Dios, si intentara presentarse al hombre en su mundo, pasaría a ser lo que no es: un ente particular junto al cual hay otros distintos de él. La dificultad principal sería entonces que Él no puede estar allí en donde estamos nosotros. Estaría en todas partes en tanto es el «fundamental todo», y en ninguna parte en tanto no es lo creado. Esto, que me recuerda un poco el principio de indeterminación de Heisenberg en física, trae otra pregunta: no puedo categorizarlo pero sí experimentar una inmediatez con Él. ¿Cómo explicarlo?

La libertad del hombre le ocupa gran parte del comienzo del libro. ¿Es éste realmente libre? ¿Lo es ante Dios, dado que Él exista? Un ejemplo del peine fino que pasa sobre las cuestiones relacionadas con el análisis de esa libertad lo lleva a preguntarse si el mismo ejercicio de esa libertad no llevaría en ocasiones al hombre a tomar decisiones que la restrinjan, por ejemplo. Este tipo de preguntas puede extrapolarse y analizarse no solamente en un marco teológico; forma parte de las preguntas que de siempre se ha hecho la filosofía.

» A modo de conclusión

En mi opinión el valor más grande del libro Curso fundamental sobre la fe no está dado por los temas, que ya de por sí son valiosos, sino por el enfoque. Rahner no teme hacerse preguntas filosóficas que son difíci- les no ya para un agnóstico o un ateo, sino para un cristiano que esté totalmente convencido. Porque está totalmente convencido de que la gracia nos alcanza a todos, independientemente de si hay fe de algún tipo o no, y que el razonamiento permite recibir una idea, aunque sea pálida, del lugar del hombre ante Dios.

Bibliografía

Aquino, Tomás de Suma de Teología. Edición dirigida por los regentes de estudios de las provincias do- minicanas en España, cuarta Edición. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid MMI. Copia digi- talizada.

schickendAnTz, cArlos El «Curso fundamental de la fe» de Karl Rahner. Objetivo, génesis y significado de un «experimento». Revista Teología y Vida. Volu- men 45 No.1, 2004.

locher, clemens «Karl Rahner. Théologie et expérien- ce spirituelle», Choisir 534 (2004) 9-12.

Optatam totius (Decreto sobre la formación sacerdotal) Concilio Ecuménico Vaticano II.

rAhner, kArl Curso fundamental sobre la fe (intro- ducción al concepto de cristianismo). Primera edi- ción, 7a. reimpresión. Herder Editorial SL, Bar- celona.

rATzinger, Joseph Qué significa creer. El cristiano en la crisis de Europa. Ed. Cristiandad, 2005, pp. 69-100 (copia digitalizada).

Torres-cuevAs, eduArdo Antología del pensamiento me- dieval. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1975.

Notas:

 

  • Sin embargo, cita varios de los documentos emana- dos del Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, Dei Verbum, Gaudium et Spes, Nostra Aetate, Unitatis Redintegratio y por supuesto Optatam Totius).
  • Libro Qué significa El cristiano en la crisis de Euro- pa. Ver bibliografía.
  • Rahner nos recuerda que la Revelación, si no se acepta en fe, no tiene sentido y no fructifica, aunque sea Revela- ción.

Nota en la edición consultada de Suma de Teología.